17 julio 2017

Regeneración o muerte



Es una coincidencia sumamente interesante que el mismo día en que estrenaba su séptima temporada "Juego de tronos", una serie muy masculina que ha acabado dominada por las mujeres, "Doctor Who" anunciaba que el decimotercer ocupante de la TARDIS iba a dejar de ser un varón para convertirse en una mujer. Era una reclamación que un sector nutrido de fans llevaba tiempo haciendo (desde antes de que Peter Capadi asumiera los mandos de la nave); si la serie quería de verdad entrar en su segundo medio siglo de vida tan relevante como hasta ahora, tenía que empezar a dejar de creer que sólo hombres blancos podían ser el Doctor.

Porque "Doctor Who" necesita con urgencia aire fresco. En Basura and TV repasaban las razones por las que BBC necesitaba este cambio: la serie ha perdido audiencia de una manera bastante sensible en las temporadas de Capaldi y también acusa el desgaste de tener a Steven Moffat durante tanto tiempo al frente. Sus historias han perdido frescura e ingenio; ya en la sexta temporada, su pretensión de contar un único misterio para toda la temporada derivó en una de las más flojas de la era moderna, paradójicamente, cuando se encontraba en el punto más alto de su popularidad internacional (en Estados Unidos, sobre todo), y toda la chispa que aportó al principio Matt Smith se perdió en la obsesión por Amy y Rory y, después, en querer convertir a Clara, la nueva acompañante, en otro puzzle más.

La entrada de nuevos productores ejecutivos y nuevos Doctores suele renovar la serie. El cambio de Russell T. Davies y David Tennant a Steven Moffat y Matt Smith dio otro brío a una "Doctor Who" que se había ensimismado en los traumas del Doctor, y ahora, aunque Capaldi ha sido un muy buen protagonista, se necesita alguien que no crea que hace falta un enorme enigma para que funcionen los episodios. A toro pasado, la temporada de Christopher Eccleston fue modélica en su manera de conseguir capítulos autoconclusivos entretenidos y un misterio serializado que no fagocitara el resto de la serie. Chris Chibnall y Jodie Whittaker se enfrentan a un reto muy parecido, con la diferencia de que, ahora, sobre sus hombros descansa la supervivencia de la serie más allá de su reducto de los sábados por la tarde en BBC.

En Vulture afirmaban que, en un panorama cultural en el que hasta "Star Trek" va a tener una serie protagonizada por una mujer (negra, además), "Doctor Who" no podía seguir anclado en sus elecciones del pasado. Si quiere mantenerse relevante, si quiere atraer a un nuevo público que palie su declive en audiencias, si quiere que los periodistas vuelvan a escribir sobre ella como lo hacían en otra época, tiene que regenerarse con el propio Doctor. Y que Trece vaya a ser una mujer es justo la jugada que necesitaba.

11 julio 2017

Si el mundo es racista, ¿es la serie racista?


Cuando se estrenó "The Handmaid's Tale", su showrunner, Bruce Miller, comentaba que uno de los aspectos que habían alterado del libro original de Margaret Atwood era el componente de segregación racial de Gilead. En la novela, el régimen se había desecho de todos los negros y los había mandado a unas colonias aparte; en la serie, sin embargo, Miller decidió mantener mayor diversidad racial (Moira y Luke son negros, por ejemplo) para eludir un campo de minas que podía haber torpedeado la serie desde antes de su estreno: "¿cuál es la diferencia entre hacer una serie sobre racistas y hacer una serie racista?", apuntaba a Variety.

Esa dicotomía es una de las mayores fuentes de críticas hacia "Juego de tronos", por ejemplo. Poniente es un mundo pseudomedieval, por lo que es violento, sucio y quienes ostentan el poder son hombres que tratan a las mujeres como si fueran personas de segunda clase, cuando no directamente propiedades. ¿Quiere eso decir que la serie es machista? Y algo similar le está pasando a "Baby Driver", la última película de Edgar Wright. Juega con los arquetipos habituales en las historias de atracadores, incluido el de "la chica", que le ha granjeado críticas de sexista. ¿Lo es?

Todo dependerá de cómo muestre la serie ese mundo. Las mujeres de "Juego de tronos" van buscando la manera de labrarse sus propias parcelas de poder y, conforme avanzan las temporadas, son las únicas capaces de manejarse en ese juego de poder sin perder, literalmente, la cabeza. Son mucho más conscientes que los hombres del lugar que ocupan y de lo que está en su mano hacer para aprovecharse de ese lugar o para saltárselo; los hombres son menos realistas y acaban ejecutados por sus rivales.

"The Handmaid's Tale" opta por trazar los máximos paralelismos posibles con nuestra sociedad actual, por lo que mantiene la diversidad racial. Su tesis es que la crisis de fertilidad es demasiado importante como para ponerse en plan supremacista blanco, pero ha habido quien les ha recordado que se esterilizaba contra su voluntad a las mujeres mexicanas ingresadas en un hospital de Los Ángeles durante los 70, y que existe la eugenesia. Se puede argumentar que evitar el debate sobre si la serie es tan racista como Gilead es más importante que estas críticas, pero son igualmente válidas.

La línea entre el universo que se presenta y la "política" de la serie o película siempre es muy fina. Ahí está, por ejemplo, "Starship Troopers", una historia militarista y fascistoide que la película presentaba en tono de sátira, pero en la que era muy fácil acusar a la propia cinta de militarista y fascistoide, En cualquier momento puedes deslizarte hacia convertirte en lo que quieres criticar.

28 junio 2017

Las guerreras


Desde que se estrenó "Wonder Woman", a principios de junio, no han dejado de sucederse las historias sobre su impresionante éxito de taquilla, sobre el balón de oxígeno que sus críticas, generalmente buenas, dan al DCU y sobre lo que significa que, por fin, haya una superheroína comandando su propia película. Han surgido también los debates sobre si es feminista o no, sobre si es demasiado naif o no, sobre si es fiel a sus orígenes en el cómic y sobre cuánto le debe a "Capitán América. El primer vengador", cuando en realidad bebe directamente de la primera película de "Superman", y las críticas hacia la película han llegado todas en relación a alguna, o a todas, de estas cuestiones.

Es una gran presión para una cinta que acierta justo por apostar por una trama sencilla y por darle a su heroína un viaje y unos objetivos muy claros y definidos desde el principio. Diana todavía no es Wonder Woman, pero está aprendiendo a serlo, y quiere ayudar al mundo a librarse de la Maldad que Ares insufla siempre en los corazones de los hombres. Ya está. Por el camino se enamora de un espía al servicio de los británicos durante la Primera Guerra Mundial y descubre hasta dónde llegan sus poderes. Y hasta dónde llega el afán destructivo del hombre. Esta sencillez permite que "Wonder Woman" se preocupe por construir personajes que funcionan y, sobre todo, por dejar que Gal Gadot sea una Diana poderosa, ingenua, magnética, divertida y entregada y dé a la película el tono que la hace tan entretenida. El dúo que forma con Chris Pine en el interludio londinense es una cápsula de la mejor comedia romántica, la que se acuerda de que los dos personajes deben verse de igual a igual. Aunque, en realidad, Steve Trevor es plenamente consciente de que Diana está a un nivel superior que él. Cosas de ser descendiente de un dios del Olimpo.

Efectivamente, la costumbre de que el final de las películas de superhéroes sea una carrera por ver quién destruye más cosas de la manera más espectacular afea un poco los logros de la cinta, pero en su creencia de que son los personajes los que impulsan la historia es donde se salva. Y la secuencia de la tierra de nadie es realmente efectiva porque deja bien claro qué tipo de héroe es Wonder Woman.


Ha resultado curioso ver cómo, en algunos cines de Madrid, se pasaba el trailer de "GLOW", nueva serie de Netflix, antes de "Wonder Woman" y no porque sus protagonistas sean superheroínas, sino porque también es una historia sobre mujeres que, a través de la lucha, encuentran su lugar en el mundo. Es una lucha de pega, coreografiada y guionizada como el wrestling, pero el mensaje vale igual. Las catorce que se suben a ese ring a mediados de los 80, preparándose para participar en un programa de televisión que fuera el reverso femenino de la WWE (o WWF, como se llamaba entonces), proceden todas de ambientes sociales diferentes y tienen sus propios viajes personales que superar, pero es en el cuadrilátero donde se dan cuenta de su valía.

Ruth, la actriz en paro que no consigue un papel por mucho que lo mendigue, y Debbie, la ex estrella de telenovelas que se sentía marginada en la serie y que ahora se ve agobiada por su nuevo rol de madre que se queda en casa, son las dos caras más visibles de todo el reparto, y es notable que ninguna de las dos encaje en la protagonista fácil de simpatizar. Ruth (Alison Brie) puede ser demasiado intensa y Debbie (Betty Gilpin), demasiado pagada de sí misma cuando, en realidad, ambas se sientes inseguras del lugar en el que se encuentran en sus vidas y necesitan más que nunca alguien en quien apoyarse, aunque no se atrevan a reconocerlo en voz alta.

El ring les permite descubrir quiénes son de verdad. Al adoptar esos exagerados y caricaturescos personajes en los combates, todas encuentran nuevas facetas de sí mismas que desconocían y, como es tradición en estas historias deportivas, descubren también que son una suerte de familia extendida. Los matices que hay en Ruth, Debbie y Sam (un estupendo Marc Maron) elevan "GLOW" de una comedia más o menos inspirada, con una ochenterísima banda sonora, a una serie bastante más interesante.

12 junio 2017

Una bola de cristal para los Emmy


Las próximas nominaciones a los Emmy deberían ser muy interesantes. "Deberían" porque, de nuevo, esta temporada 2016/17 ha habido muchos estrenos relevantes y muy destacables, y sin "Juego de tronos" en competición para defender su doble corona en mejor drama (la séptima temporada se estrena fuera del periodo der elegibilidad de los premios), la competencia tendría que abrirse más que nunca. Pero pese a sus cambios en la manera de elegir a los nominados y, sobre todo, a los vencedores, los Emmy continúan siendo los Emmy y siguen padeciendo de inercias que les llevan a ignorar sistemáticamente determinadas series, mientras reconocen una y otra vez a otras que deberían dejar hueco a nuevas candidatas.

Donde se nota más esa reticencia a dejar entrar aire fresco es en las categorías de comedia, que este año podrían renovarse casi por completo. "Veep" va a seguir ahí, dominándolo todo, pero entre estrenos de network como "Speechless" o "The good place", novedades que han conquistado a los críticos (y a los Globos de Oro) como "Atlanta" y temporadas tan compactas como la segunda de "Master of none", podría haber relevo. "Fleabag", "Better things", "Insecure", la última temporada de "Girls" (si los Emmy se ponen nostálgicos)... Después de bastante tiempo en el que las comedias no parecían estar a la altura de los dramas, este año hay más que suficiente variedad para que los votantes de la academia renueven unas nominaciones que llevan también demasiado tiempo atascadas en lo de siempre.

No todo va a ser como la durísima competencia que se adivina en miniserie, pero sería muy decepcionante que, en drama, los Emmy no reconocieran a alguno de esos estrenos que han sido fenómenos de audiencia o de crítica. Sin "Juego de tronos", ¿ocupará "Westworld" su hueco? ¿Podrá mantener "Mr. Robot" el favor de los votantes una vez se pasó su factor sorpresa? ¿Conseguirá "The Americans" traducir las candidaturas del año pasado en algún premio en éste? ¿Será "The Crown" la gran beneficiada de que tampoco esté ya otra perenne nominada como "Downton Abbey"? ¿Harán valer sus condiciones de fenómenos populares "Stranger things" y "This is us"?

Hay bastantes incógnitas de cara a unas nominaciones que, en teoría, podrían ser de las más variadas y novedosas de los últimos tiempos. Si "The Handmaid's Tale" logra alguna candidatura en las categorías de drama, sería un triunfo mayúsculo para Hulu, y también asignaría automáticamente a los Emmy de 2017 la etiqueta de "los más políticos recientes". Porque a los periodistas del show business les encanta encontrar una narrativa para sus piezas durante la temporada de premios.

Si nos fiamos de la "bola de cristal" que son las predicciones de Gold Derby, ahora mismo, a falta de un mes para que se lean las candidaturas, "The Crown", "Veep" y "Feud" son las grandes favoritas.

25 mayo 2017

Una presentación de "Guía del Seriéfilo Galáctico"

Quienes os paséis por este blog, aunque sea muy de vez en cuando, probablemente os habréis dado cuenta de que me gustan las series de ciencia ficción. De hecho, tengo otro blog independiente que sólo habla sobre ellas, y que se ha convertido en el germen de un libro, "Guía del Seriéfilo Galáctico", que empezará a llegar a las librerías la semana que viene.

Se publica en Dolmen a través de los chicos de Fuera de Series, con los que llevo escribiendo ya una pequeña temporada, y el título ya indica bastante bien lo que es: una guía de series de ciencia ficción. En total, son 50, distribuidas en cinco bloques temáticos según si cuentan invasiones alienígenas, viajes en el tiempo, futuros especulativos, aventuras en el espacio o si, directamente, sus ideas tiran más hacia el high concept, y el criterio seguido para elegirlas ha sido el mío, claro. Con esto quiero decir que no es una recopilación de las mejores series de ciencia ficción de la historia; es más una reunión de títulos que tienen un punto de partida interesante, o que quieren explorar ideas diferentes, o que sí, son buenas series.

En la portada, obra de David Buisán, que dibuja unas imágenes geniales de series y películas de todo tipo, ya se ven algunos de los títulos que aparecen en la Guía, desde "Doctor Who", "Twin Peaks" y "Fringe" a "V" y "Star Trek", y lo que he intentado es que fuera, también, lo más variado posible. Así que hay hueco para animación, para títulos que no pasaron de la primera temporada y para otros que se acabaron convirtiendo en instituciones culturales, y lo que sí es cierto es que hay más prominencia de series de los últimos quince años, o así. No porque antes fueran peores, o no hubiera, sino porque mi conocimiento de ellas es mucho más limitado.

Pero de todo esto podremos hablar, si estáis por Madrid, el próximo 10 de junio en la Feria del Libro. Si nada se tuerce, estaré en la caseta 178, a las 13 y a las 17. Lo celebraremos como Kara Thrace, pero con menos alcohol y puros.

Música de la semana: Hace tiempo que no había selección musical de la semana, así que, aunque sea ya jueves, vamos con una. Como hoy es el Día del Orgullo Friki, nos quedaremos con una de las canciones que Felicia Day cantó para su serie web "The Guild", centrada en un grupo de jugadores online. Y viene que ni al pelo, porque habla sobre todos los frikis que eran atormentados en el instituto y ahora son los guays. Y lo parodia todo, claro. Day la escribió junto con Jed Whedon, y se titula "I'm the one that's cool".

17 mayo 2017

Las series son más que su trama


Ayer se dio por Twitter una curiosa discusión. Por razones que ahora mismo no vienen al caso, surgieron algunas voces que afirmaban que veían las series a velocidad 1,4x y que no se perdían nada de lo que pasaba en ellas. Voces que aseguraban ser grandes aficionadas a las series, además (y que las veían en versión original subtitulada). Su justificación era que, a esa velocidad, no se distorsionaban todavía ni las voces de los actores ni los diálogos, que se podía seguir perfectamente la historia y que, de esa manera, se hacían más llevaderas secuencias que, si no, eran muy duras de ver (es de suponer que porque eran muy lentas y en ellas "no pasaba nada").

Nadie nos libramos de haber visto series en "pase por entendidos", o lo que es lo mismo, pasando rápidamente las escenas que nos parecen un rollo y viendo sólo las que nos interesan, Suele hacerse, o yo suelo hacerlo, con series que no nos gustan. Las vemos por obligación, o porque queremos saber qué pasa en ellas sin sufrir episodios enteros, o porque hemos perdido el interés pero no queremos dejarlas a la mitad, o porque no queremos ser excluidos de las conversaciones de nuestros amigos. Es decir, las vemos a 1,4x (o a 2x) cuando no nos interesan en absoluto. Por eso, y hablando desde un punto de vista personal, me resulta tan difícil de comprender que alguien vea por sistema todas las series así y afirme que le gustan las ficciones televisivas y es la mejor manera de verlas.

Da la sensación de que se asume que una serie es buena porque su trama lo es, porque engancha, cuenta algo interesante o importante. Se asigna la relevancia última y definitiva a la historia y se desprecia todo lo demás, sobre todo el ritmo con el que se esta contando esa historia. Y el ritmo puede ser tan importante como los giros de guión más imprevisibles. En el arranque de la quinta temporada de "The Americans", por ejemplo, hay una escena de más de cinco minutos en la que Philip, Elizabeth y varios colaboradores suyos cavan un hoyo. Los vemos empezar a utilizar las palas, asegurar las paredes, sacar la tierra que sobra, turnarse cada vez que están cansados y, finalmente, encuentran aquello por lo que estaban excavando. Esa secuencia tiene que durar ocho minutos, o los que sean, para transmitir la dedicación que los Jennings ponen en sus misiones, la carga que éstas pueden ser y los peligros que entrañan hasta las más sencillas. El cuidado por el detalle de esa serie necesita un ritmo específico. Si la vemos a 1,4x sabremos antes por qué estaban cavando el hoyo, pero probablemente perdamos la metáfora que "The Americans" quiere transmitir con esa acción.

Las prisas son enemigas de los tratamientos sutiles, de la creación de atmósferas, de la construcción de relaciones entre personajes que sigan esa frase de "muestra, no lo digas". El cruce de miradas final de "Big little lies", ¿tiene el mismo impacto a 1,4x? ¿Mantiene el mismo humor la exploración de McNulty y Bunk de una escena del crimen en "The Wire" si no se respeta el ritmo al que van intercalando los "fuck" y "motherfucker"? In my opinion, your Honor, esa costumbre de verlo todo a 1,4x da la sensación de obedecer más a la necesidad de quitarte series de encima.

16 mayo 2017

Dioses americanos, criadas y adolescentes noir


En una serie de televisión es tan importante la forma como el fondo. Es decir, resulta tan fundamental lo que se cuenta como la manera en la que se está contando. Lo primero puede disfrazar, momentáneamente, que lo segundo tire a flojito, y lo segundo puede sobreponerse a una puesta en escena pobre si es lo suficientemente potente. Pero sólo hasta cierto punto. Lo ideal es que la estética y lo que se quiere narrar vayan de la mano, y curiosamente, en este primer semestre de 2017 ha habido series de lo más variopinto que han apostado decididamente por una estética muy suya.

"Legión", por ejemplo, llamó rápidamente la atención por la originalidad de su propuesta formal. Si su protagonista era un poderoso mutante que era capaz de distinguir lo real de lo que sólo pasaba en su cabeza, la manera en la que eso se mostraba tenía que llevar al espectador a la mente de David Haller. El riesgo, por supuesto, es que el estilo visual fagocite todo lo demás, un riesgo que han compartido tres series bastante diferentes que, sin embargo, han destacado por una apuesta formal muy decidida.

Por un lado, la distopía totalitaria de "The Handmaid's Tale" presenta el mundo de Gilead como una serie de bonitas composiciones que recuerdan inevitablemente a la pintura de Vermeer y a los simétricos encuadres de Stanley Kubrick. Todo está ordenado, todo sigue un plan, todo tiene el hermoso y tranquilo aspecto de una estampa puritana del siglo XVIII, pero esa estética sirve para contrastar con la violencia soterrada con la que se oprime a las mujeres. El ruido de fondo constante de los walkies de los guardias es un recordatorio de que no hay que fiarse de las apariencias, y los primerísimos planos de sus personajes femeninos potencian el sufrimiento que están pasando.

Después tenemos "American Gods", que apuesta por elevar lo original de su propuesta (los dioses antiguos están en guerra con las nuevas divinidades surgidas del modo de vida contemporáneo occidental) con una estética derivada de lo que Bryan Fuller y el resto de su equipo hicieron en "Hannibal" (que, a su vez, es una evolución del envoltorio formal de "Pushing daisies", y adecuada a una temática más perturbadora y oscura). Shadow Moon se adentra en un nuevo mundo totalmente extraño para él, un mundo lleno de poderes maravillosos y aterradores, así que esa historia no puede contarse con un look de serie realista.

Y, por último, está la manera en la que "Riverdale" se ha decantado por el noir y los códigos del melodrama para adaptar los cómics de Archie y estructurar su temporada alrededor de la investigación del asesinato de Jason Blossom. La constante bruma presente en los pasillos de Riverdale High, la atmósfera de romance gótico (como si hubiera escapado directamente de "La cumbre escarlata") de Thornhill, la mansión de la familia Blossom, los intensos neones de Pop's... Estéticamente, es una serie que no ha dejado ningún detalle al azar.

Cada una de las tres opta por una personalidad visual diferente, dictada por la historia y el tema que tocan, y esa conjunción de forma y fondo resulta muy importante a la hora de acercarnos a ellas.

08 mayo 2017

El gran Stussy


Durante la promoción de la tercera temporada de "Fargo", Noah Hawley, su responsable, aseguraba que, en cuanto a influencias de los hermanos Coen, cada una de las entregas había seguido las líneas tonales de una película diferente. La primera, por supuesto, era más "Fargo", con sus criminales incompetentes y las envidias que se convierten en todo un baño de sangre. La segunda encajaba más en "Muerte entre las flores" por la guerra entre familias mafiosas que ocupaba su centro. Y la tercera, que está ahora en emisión en FX (y Movistar+ en España), se ajusta más a "El gran Lebowski". La comparación queda muy clara desde el principio, y para el tercer capítulo, el tono de la temporada está perfectamente delineado.

Seguimos en Minnesota, pero ahora estamos en 2010 y la historia gira alrededor de los hermanos Ray y Emmit Stussy. El primero es un agente de la condicional que tiene envidia de su hermano, el exitoso "rey de los parkings de Minnesota", y entre ambos hay ciertos asuntos sin resolver relacionados con herencias familiares y, por supuesto, temas de dinero. Entre equivocaciones de identidades y unos gángsters que no son los nihilistas, por desgracia, los dos hermanos Stussy van liando una madeja criminal impulsada, como ya es costumbre, por su propia estupidez y mezquindad.

El retrato que Ewan McGregor hace de los dos hermanos Stussy se llevó, al principio, buena parte de la atención  mediática, pero tras la emisión del tercer episodio, es Carrie Coon la que se está convirtiendo en la reina de la televisión de primavera. Ese tercer capítulo lleva a su personaje, la jefa de policía Gloria Burgle, a Los Ángeles siguiendo una pista que nosotros sabemos que no le va a llevar a ninguna parte, pero que para ella es importante. Es un episodio que llega casi a la vez que la serie que la hizo famosa, "The Leftovers", centra otro capítulo en un viaje de Nora en pos de algo, no sabemos si porque quiere que sea cierto, o porque se empeña en que no lo sea.

Ambas series son distintas, pero la sensación de tristeza y derrota de Gloria y Nora en esos dos episodios es muy notable. En "Fargo", además, es un contraste acusado con la bola de nieve que los Stussy crean con su pueril rencilla fraternal. La vida de Gloria adquiere una sensación de pequeñez, de que escapa a su control; Ray y Emmit se enzarzan en la ya clásica cadena de decisiones estúpidas que, a su vez, llevan a muerte y caos porque los dos se creen más de lo que son. Se creen catedrales y no llegan a ermitas, como diría mi abuela.

Y, además, exponen otro tema que ha servido como nexo de unión de las tres temporadas emitidas hasta ahora de la serie, y es que, en el mundo de "Fargo", las mujeres son las expeditivas, las que toman las decisiones y las que saben qué hacer cuando la situación viene mal dada. Los hombres se dedican a intentar justificarse y, si hacen algo, siempre se equivocan de manera gloriosa. Ellas pueden ser tan imperfectas como ellos; a ellos siempre les falta media neurona.

25 abril 2017

La fábula de la criada


Cuando Margaret Atwood publicó "El cuento de la criada", en 1985, lo hizo inspirada por varios hechos que estaban ocurriendo en Estados Unidos. Como explica en esta entrevista en televisión británica, en aquella época estaba empezando a aparecer, como un movimiento con cierta fuerza, la derecha fundamentalista religiosa en el país y, al mismo tiempo, entre 1982 y 1985, treinta clínicas abortistas habían sufrido atentados con bomba. El clima que se respiraba era de extremo conservadurismo, y Atwood se puso a pensar en lo que pasaría si esos fundamentalistas llegaban alguna vez al poder y llevaban al extremo sus creencias y sus posturas sobre los derechos de las mujeres.

Así nació el punto de partida de "The Handmaid's Tale", la serie que debe poner, de una vez por todas, a Hulu en el mapa, y que HBO España estrenará mañana con los tres primeros episodios. Será la segunda vez que el libro (nominado a los premios Booker y Nebula, y ganador del Arthur C. Clarke) da el salto a la pantalla (en 1990 hubo una película con Faye Dunaway, Robert Duvall y Natasha Richardson), y lo hace como una de las apuestas más fuertes de la temporada. Los temas que trata lo han vuelto muy relevante en los Estados Unidos de Trump y su abierta misoginia, razón por la que, probablemente, ninguno de sus responsables quiere asociar la serie con una crítica a él o con un término, "feminismo", que ha adquirido connotaciones muy negativas para una parte del público (por qué razones ha ocurrido esto es un asunto mucho más complejo para explicarlo aquí). Hulu quiere que esta serie sea un gran éxito de audiencia, no sólo que sea adorada por los críticos y, tal vez, por los Emmy.

Porque la sinopsis pinta un panorama muy poco agradable. Los Estados Unidos se han convertido en Gilead, una república teocrática gobernada por fundamentalistas cristianos (protestantes, en este caso) que se toman la Biblia al pie de la letra y que, para sobrevivir a una plaga de infertilidad entre las mujeres, deciden eliminar de un plumazo todos sus derechos y dejarlas reducidas a bestias de cría. El papel de las mujeres fértiles es ser criadas, personas adiestradas en centros de reeducación que dan más miedo que cualquier idea perturbada de Negan en "The Walking Dead", y que son asignadas a Comandantes del régimen (del Movimiento, si queréis que usemos un término más familiar para los españoles), cuyas esposas son estériles, para que les den un hijo.

A grandes rasgos, ése el punto de partida de novela y serie, cuyo responsable es un guionista con experiencia en la ciencia ficción más mainstream como Bruce Miller (ha estado en "Los 100" y "Alphas"), que adapta muy fielmente el libro aprovechando, al mismo tiempo, para ampliar mucho más su mundo y su punto de vista. Offred, el personaje de Elisabeth Moss, es nuestra guía de entrada, con una voz en off llena de sarcasmo, espíritu de resistencia y amargura (el único lugar donde puede ser totalmente libre son sus pensamientos), pero "The Handmaid's Tale" se preocupa de construir a todos los personajes, incluida a la mujer del Comandante, Serena Joy, a la que Yvonne Strahovski imprime enseguida cierto aire de que ella está atrapada también.

La serie es preciosa de ver, muy elegante, con una fotografía de cuadro de Vermeer que hace destacar mucho más, por contraste, la brutalidad y la opresión que se esconden bajo la formalidad con la que se comporta todo el mundo, regida por unas normas muy estrictas. Las interpretaciones son todas estupendas y el panorama que pinta el primer episodio es el de una serie que apunta muy alto, sobre todo en sus flashbacks al ascenso de Gilead, a cómo, poco a poco, la gente corriente va aceptando sus reglas, cómo le va pareciendo normal la situación excepcional en la que viven. Probablemente, lo que dé más miedo de todo es lo que la Tía Lydia (Ann Dowd) les explica a las futuras criadas en el centro de reeducación: todo esto ahora les parece extraño y alarmante, pero dejará de parecérselo. Y las siguientes generaciones les resultará de lo más normal.

Música de la semana: El primer capítulo de "The Handmaid's Tale" acaba con una canción que adquiere una enorme carga irónica al sonar en sus créditos finales, después de todo lo que hemos visto: "You don't own me", de Lesley Gore, que igual algunos escuchásteis en la presentación de Harley Quinn en "Escuadrón Suicida".

05 abril 2017

Las razones de Hannah Baker


Hannah Baker se ha suicidado. Sólo tenía 17 años y había sobrevivido a duras penas a su primer curso en un nuevo instituto, en una nueva ciudad. La tragedia deja a sus padres preguntándose si podrían haberlo evitado, a la escuela protegiéndose de una demanda por negligencia y al resto de sus compañeros sintiendo cierta culpa- Porque Hannah dejó algo parecido a un testamento, trece cintas de cassette en las que explica por qué acabó decidiendo quitarse la vida, da trece razones para ello, y cada una está personalizada en uno de sus compañeros. En gente que ella consideraba sus amigos.

"Por trece razones", que es el título español de "13 reasons why", es la serie que se zambulle de lleno en la exploración de qué salió mal en la vida de Hannah para que ella decidiera ponerle fin. La acumulación de decepciones, traiciones personales, pequeños fracasos y un creciente sentimiento de angustia y soledad absolutas que acabó culminando en un suicidio en la bañera. Está basada en un libro de Jay Asher y, por las críticas que han aparecido, parece que la serie mejora bastante lo que cuenta su material de partida, añadiendo más matices a sus situaciones y profundizando en sus personajes, especialmente Hannah y en el protagonista principal, Clay, un chaval que empieza a escuchar las cintas y siente cómo, de repente, todo su mundo se desmorona a su alrededor.

Aunque la mayor atención se la haya llevado la producción ejecutiva de Selena Gómez, lo más interesante de la serie es que su principal responsable es el guionista y dramaturgo Brian Yorkey, que se hizo famoso gracias al musical "Next to normal", centrado en una familia cuya matriarca tenía trastorno bipolar. Esa carta de presentación es muy significativa de cara a los temas que trata "Por trece razones", porque no sólo nos muestra la progresiva caída de Hannah hacia la más oscura de las depresiones, sino que enseña cómo sus cintas afectan a las personas que, de un modo u otro, tomaron parte en ese descenso. Ya fueran los chicos que se dedicaban a lanzar rumores falsos sobre ella, o los amigos que terminaron dándole espalda o el chaval que, aunque no deja de ser buena persona, es incapaz de entender nada de lo que está pasando a su alrededor.

La serie tiene en el retrato de esos personajes, y de la propia Hannah, su principal punto fuerte. De Clay conocemos más cosas al mismo tiempo que él va despertando de su letargo de "no sé a qué viene tanto drama en el instituto" y de su retraimiento, y es comprensible que su caracterización haya despertado algunas comparaciones con "Las ventajas de ser un marginado". Hannah, por su parte, está muy bien interpretada por Katherine Langford, todavía con una carrera muy corta, pero que aporta vitalidad y dolor a su personaje, y el resto de chicos del instituto están muy bien elegidos, aunque igual os lleváis un par de sorpresas cuando veais a Sosie Bacon (hija de Kevin Bacon y Kyra Sedgwick) como la rebelde tatuada del insti o a Ross Butler repitiendo su papel de deportista popular de "Riverdale" (con más matices aquí), o a Miles Heizer bastante cambiado desde los tiempos de "Parenthood".

Es cierto que hay algunos aspectos de la trama (relacionados con el trío de amigos atletas) que chocan un poco con el tono que tiene el resto de la serie y que, como ya es marca de la casa en Netflix, habría funcionado de una manera mucho más compacta con tres episodios menos, pero "Por trece razones" acaba siendo muy efectiva emocionalmente y en el detalle con el que muestra a todos esos adolescentes.

Música de la semana: Como buena serie teen, "Por trece razones" tiene una banda sonora realmente notable, de la que una de las canciones más curiosas es "Into the black", un tema de Chromatics que, en realidad, es una versión de un éxito de Neil Young que ha tocado todo el mundo, incluidos Oasis.

27 marzo 2017

Los demonios de Wynonna


Aunque Syfy lleve ya unos años dedicada a tener más series ambientadas en el espacio, y de ciencia ficción más pura y dura, sigue teniendo hueco para títulos un poco más ligeros y más orientados hacia el fantástico. "Wynonna Earp" es una de esas series, una historia de maldiciones, demonios que escapan del infierno y una joven que es la Elegida para acabar con todos ellos.

Si hay algunas cosas que resultan familiares en ese resumen rápido, es porque la sombra de "Buffy, cazavampiros" es muy alargada en esta serie. Es una adaptación de un cómic pero su creadora, Emily Andras (que viene de "Lost girl"), presentó la serie a la cadena, medio en broma, diciendo que era una mezcla entre Buffy y "Frozen". ¿La razón? Que además de tener una Elegida, el centro de la historia está en la relación entre las dos hermanas Earp, Wynonna y Waverly, que una noche vieron cómo los demonios llegaron a su casa, mataron a su hermana mayor, Willa, e hicieron lo mismo con su padre.

Porque los descendientes del legendario sheriff Wyatt Earp tienen la tarea de acabar con los 77 forajidos que su antepasado mató con su revólver Peacemaker, que por culpa de una maldición regresan a la tierra como demonios. Nadie ha logrado tener éxito en esa empresa, y quizás Wynonna, que no debería ser la heredera y, además, es la primera mujer en asumir esta tarea, pueda tener algo más de suerte. Si, por otro lado, consigue controlar otros demonios personales que la persiguen, como el recuerdo de que fue ella quien mató realmente a su padre y varias estancias en hospitales psiquiátricos porque nadie creía su versión.

Así que Wynonna regresa a casa armada, inicialmente, con el sentido del humor que aplica hasta a las situaciones más complicadas, muy poco aprecio por la autoridad y la reputación en el pueblo de ser una chica que sólo busca problemas. Es una clásica heroína reticente, como si Buffy se hubiera dado a la bebida y a la delincuencia menor para olvidar las cosas terribles que hizo en el instituto. Su camino de redención será asumir el legado de la maldición de los Earp y trabajar al lado de Dolls, un agente del gobierno que investiga actividad paranormal de diverso tipo.

"Wynonna Earp" combina cierto esquema de "demonio de la semana" con la historia de fondo de qué objetivos último tienen estos "renacidos, y con la asunción de su protagonista de su nuevo papel, un papel que ella nunca quiso. Los episodios tienen un tono que tira hacia lo desenfadado y lo ligero, con una Wynonna (Melanie Scrofano) realmente entretenida de ver en acción y algunos demonios bastante conseguidos (y hasta un poco inquietantes), y como suele pasar en estas series, con el paso de los capítulos resulta fácil tomar cierto aprecio por casi todos los personajes. Sí, hay algunos muy pasados de rosca (algún villano), pero la apuesta por la diversión de la serie se agradece. Y realmente tiene una buena protagonista.

Música de la semana: "The Americans" es experta en tomar un éxito de los 80 y darle otro sentido diferente al utilizarlo para ambientar escenas que, generalmente, suelen involucrar un asesinato. Ya lo han hecho con Fleetwood Mac y Soft Cell, y en el tercer episodio de la quinta temporada, esa canción es "More than this", de Roxy Music. Aunque esta semana ha habido competencia, porque ese "Art of fear", de The Grassy Knoll, que cerró el séptimo capítulo de "Legión" podría haber sido la elección musical sin problema.

23 marzo 2017

El buen episodio y el contexto de la serie


¿Puede comprenderse realmente que un episodio de una serie es bueno si lo vemos separado de dicha serie? ¿Se puede apreciar su calidad fuera del contexto que le dan los demás capítulos? ¿Es posible apreciarlo como un ente independiente sólo a través de las interpretaciones de sus actores, o del nivel técnico mostrado en la pantalla, sin tener en cuenta el componente emocional? ¿Y ese componente lo da la experiencia acumulada del resto de capítulos, o queda plasmado en ese fragmento excepcional?

Todas estas preguntas surgen a cuenta de un debate en Twitter sobre "Penny Dreadful" y sobre la calidad de algunos de sus episodios. La aseveración inicial apuntaba que la serie tiene siete u ocho capítulos extraordinarios, pero que los demás eran un aburrimiento. Y ahí entraba la discusión de si ese resto soporífero era necesario para que esos episodios destacados lo fueran realmente, o si podían juzgarse como tal de manera independiente. En Twitter no se llegó a ninguna conclusión, probablemente por una definitiva podría encajar en "Penny Dreadful", pero no podría aplicarse a otra serie.

"Stargate Universe", por ejemplo, tiene un capítulo muy notable, "Time", en el que la tripulación de la nave atraviesa una puerta estelar y se ve atrapada en un bucle temporal. Cada vez que intentan reiniciar su particular Día de la Marmota, algo sale mal, y cuando el episodio termina, no se ha conseguido resolver, en realidad, nada. Pero es un episodio independiente, un bottle episode bastante literal porque, además de transcurrir en una única localización (o casi en una sola), no guarda ninguna continuidad con los capítulos que lo preceden, y en los siguientes no se hace ninguna mención a él. "Time" es un experimento de "Stargate Universe" que funciona como un relato corto y que puede verse sin saber nada de la serie, más que la sinopsis básica.

Sin embargo, "The constant", el episodio que los fans de "Perdidos" siempre ponen en lo más alto de sus listas de mejores capítulos, probablemente no pueda apreciarse igual sin la experiencia de todo lo que ha venido antes que él. La necesidad de que Desmond utilice a Penny como su constante en sus viajes por el tiempo sólo se entiende si hemos sido testigos de las penurias de Desmond en la isla y hemos visto que está allí, precisamente, por culpa de su amor por Penny. Sí, puede ser una historia original de viajeros temporales, pero la fuerza emocional de ese capítulo se pierde visto de manera independiente.

¿Es posible darse cuenta de que un capítulo es bueno sin haber visto nada más de la serie? ¿Se aprecia del mismo modo si nos falta esa continuidad emocional, esa experiencia acumulada?

19 marzo 2017

Un Puño de Hierro con poca pegada


Cuando se estrenó "Escuadrón Suicida", en internet se escenificó un cisma importante entre la opinión que los críticos tenían de la película y la de los fans. Los primeros la destrozaron, y los segundos estaban encantados de su tono cafre (o el intento de tono cafre). Y, sobre todo, los fans se dedicaron a meterse con los críticos que habían considerado que era una mala película, hasta sacándose de la manga supuestas conspiraciones anti-DC y pro-Marvel (como si alguien hubiera elogiado "Thor").

La brecha se ha vuelto a repetir, esta vez, con una propiedad de Marvel, "Iron Fist", la última serie de sus superhéroes de Netflix que faltaba por estrenarse. La crítica la ha tildado, siendo considerados, de floja (y no entramos en una nueva polémica por apropiación cultural que, realmente, llega más de 30 años tarde), pero si nos damos una vuelta por Twitter en este fin de semana de su lanzamiento, es más habitual que encontremos gente a la que la serie no le parece tan mal, y que no entiende de dónde vienen esas malas críticas. Sobre todo después de que "Luke Cage" fuera acogida mejor entre los periodistas (estadounidenses, principalmente) que entre el público.

"Iron Fist" tiene un problema, y es que Finn Jones no es un protagonista con el suficiente carisma para sacar adelante el personaje del heredero de una empresa multimillonaria que se pasa quince años en un reino místico y legendario del Himalaya, tras haber sobrevivido a un accidente de avión en el que mueren sus padres, aprendiendo kung-fu y preparándose para regresar a Nueva York, reclamar su legado y asumir la responsabilidad de ser el Puño de Hierro. Si a eso se le une unos diálogos que se vuelven sonrojantes cada vez que meten referencias a enseñanzas budistas, y que una serie animada como "La leyenda de Korra" tiene mejores peleas y entiende mejor esas enseñanzas de filosofía oriental, podemos hacernos una idea de por dónde van las críticas hacia la serie.

En un panorama tan saturado de series de superhéroes como el actual, éstas tienen que tener una personalidad definida para poder destacar. En el segmento de "millonarios dados por muertos que vuelven convertidos en letales justicieros", el Oliver Queen de "Arrow" funcionaba inicialmente mucho mejor porque apostaba por explorar su sentimiento de culpa, su sensación de que salvar Starling City era su deber y tenía que llevar sobre sus hombros toda la responsabilidad por los males que afectaban la ciudad. Matt Murdock está consumido por su culpa católica en "Daredevil"; Jessica Jones quiere desconectarse, sin demasiada suerte, de todo lo que le rodea, mientras Luke Cage quiere pasar desapercibido en un entorno que no se lo pone nada fácil. ¿Qué pretende Danny Rand? ¿Recuperar su nombre? ¿Y más allá de eso? ¿Qué le motiva?

¿Y a Colleen Wing? ¿Por qué tenemos que creernos esa rabia dentro de ella? ¿Y dónde está la conexión que deberían tener Danny y Joy Meachum? ¿Dónde ese impulso que nos lleve a querer ver no ya más episodios, sino a simplemente terminar el visionado de uno solo? "Iron Fist" está desganada, como si Marvel se hubiera quedado sin ideas y sin chispa para su cuarta serie en Netflix.

13 marzo 2017

El nuevo noir juvenil


Hace unas semanas, The Guardian publicaba un reportaje sobre lo que consideraba algo así como un nuevo subgénero, uno que estaba revitalizando otro ya muy gastado: el teen noir. O lo que es lo mismo, las series juveniles que, para no seguir los mismos caminos de siempre, se habían pasado al misterio, los secretos ocultos y la oscuridad para contar sus historias. El diario británico utilizaba como percha el estreno en BBC3 de "Clique", una serie sobre varias amigas universitarias que empiezan a distanciarse cuando una de ellas entra en una extraña sociedad de alumnos. Creada por una guionista de "Skins", The Guardian la exponía como ejemplo de esos títulos dirigidos al público joven que abogan por mostrar a sus personajes de una manera menos idealizada.

Lo cierto es que esta tendencia no es tan nueva. Una década atrás, ya hubo una aparición de historias de adolescentes pasadas por el filtro del noir, en este caso, un noir muy clásico de la California de Raymond Chandler. Rian Johnson llamaba la atención de los críticos de cine con "Brick", una película que tiraba de todas las convenciones posibles de las historias de detectives privados y las aplicaba a una trama de desapariciones y drogas en un instituto. Un año antes había llegado a la cadena UPN "Verónica Mars", una traslación en estudiante rubia y bajita de high school del sur de California de Philip Marlowe. Esos dos títulos no terminaron de lanzar de verdad el subgénero (probablemente porque ninguno fue un gran éxito de público), pero permitieron que los espectadores ya estuvieran familiarizados con él para cuando Freeform estrenó "Pretty little liars".

El éxito de esa serie es, probablemente, la culpable en parte de ese renacimiento del teen noir del que habla The Guardian. Su cadena se ha pasado años intentando replicar su fórmula con series de misterio con jóvenes guapos en su centro, spin-off incluido, y otros canales se han animado también a probar suerte en ese campo. Los británicos ya tuvieron, antes de "Clique", "Glue", que de paso desmitificaba brutalmente la imagen de la campiña inglesa. y "Thirteen", centrada en un secuestro, y es inevitable no pensar un poco en "Pretty little liars" cuando se ve algún capítulo de "Riverdale", la reimaginación de los cómics de Archie en The CW. En el reportaje de The Guardian mencionan igualmente "Sweet/Vicious", aunque esa serie daría para hablar largo y tendido en otro lugar.

"Riverdale" sí puede ponerse de ejemplo de este nuevo noir juvenil, especialmente, por su estética. La mezcla entre la imagen icónica del Archie de los 50 y 60, las referencias en "Twin Peaks" y "Elephant", el contraste de colores y esa especie de bruma que lo cubre todo le da una identidad visual muy marcada que, de momento, está sosteniendo la trama, que no pasa de las clásicas historias de instituto. Con la diferencia de que, aquí, hay un chico muerto y un montón de secretos familiares que nadie quiere desvelar.

Música de la semana: Últimamente, Radiohead es el grupo favorito de no pocas series. Era uno de los grupos de cabecera de "Westworld", y esa afición ha sido retomada ahora por "Legión", que utiliza "The Daily Mail" para mostrarnos hasta dónde llegan de verdad los poderes de David.

27 febrero 2017

¿Para qué sirven los Oscar?


Al final, la gala de entrega de los Oscar ha dejado el que, por ahora, es el gran momento televisivo del año: cuando Warren Beatty y Faye Dunaway anuncian que la ganadora del premio a mejor película es "La La Land" sólo para darse cuenta, ya con todo el equipo de la cinta en el escenario, que se han equivocado y que la verdadera vencedora es "Moonlight". No hay nada como la televisión en directo, desde luego. Ese error de principiantes, y la catarata de reacciones que ha suscitado, ha hecho que la ceremonia de los Oscar sea mucho más comentada el día después de lo que habría sido de otro modo (las victorias de Viola Davis, Emma Stone, Mahershala Ali y Casey Affleck fueron de todo menos sorprendentes), y también ha llevado a las inevitables opiniones cuñadiles en Twitter sobre si "Moonlight" ha ganado sólo para fastidiar a Trump o si ya estaba bien de tanto encumbrar a "La La Land".

Lo que las nominaciones a estos Oscar, y la gala, han puesto de manifiesto es que los premios de la academia tenían este año un gran nivel y que cumplen una importante función en el mundo del cine, que es descubrir al gran público películas que, de otro modo, no se animarían a ver nunca. O de las que jamás habrían oído hablar. Sólo entre las nueve candidatas a mejor película, ¿cuàntos habríais dedicado la más mínima atención a la propia "Moonlight" o a "Jackie" si no hubieran estado incluidas ahí? ¿O a "Loving" si Ruth Negga no hubiera estado entre las nominadas a mejor actriz? ¿O a dos documentales tan potentes como "Enmienda 13" u "O.J.: Made in America", aunque éste en realidad sea una serie de ESPN?

Y lo mismo puede aplicarse a "Toni Erdmann" o "El viajante", ganadora del Oscar a mejor película en habla no inglesa. Es muy fácil dejarse enredar por las controversias de baratillo de Twitter, por los "no es para tanto" que pretenden rebajar el hype con el que llegan algunas películas a las carteleras españolas y por los ataques a algunas ganadoras de gente que, probablemente, ni ha visto ni su trailer. Lo mejor que puede decirse de estos y de todos los Oscar es que, de vez en cuando, dan una visibilidad inmejorable a cintas pequeñas, o con riesgos narrativos o temáticos que pueden hacerlas ideales para el circuito festivalero pero más complicadas para el público masivo.

Pueden convivir perfectamente taquillazos más que respetables como "Figuras ocultas" con cartas de amor al musical como la propia "La La Land" y con riesgos formales como el de "Jackie", que juega con el tiempo y con los recuerdos de Jacqueline Kennedy para entregar una poderosa historia. O con ciencia ficción tan emocional como "La llegada", una de las que mejor consigue encajar la parte intelectual y la sentimental. Tan merecidos son los premios a "La La Land" (Emma Stone levanta la película cada vez que aparece en ella, y Damien Chazelle se consagra como un director que sabe lo que hace) como el final a "Moonlight", tan intimista y especial que no es plato de gusto para todo el mundo.

¿Que su victoria es política? Pues un poco también. No sólo es una buena película, sino que su historia de hombres negros homosexuales y, en concreto, de lo realmente difícil y casi traumático que es para su protagonista, es toda una declaración de intenciones en medio del clima político y social instaurado por el presidente Trump. Las nominaciones de "Figuras ocultas" y "Loving" también tienen un componente político. Por mucho que se crea lo contrario, el cine no se hace en una burbuja.

Música de la semana: Para la elección de canción semanal vamos a volver a la tele y a "Riverdale", que sigue demostrando buen ojo para ellas. En el cuarto episodio utiliza "Muddy water", de Nick Cave and The Bad Seeds, para cerrarlo.

21 febrero 2017

Un escándalo, Trump y Diane Lockhart


Va a ser muy interesante ver los diez episodios de la primera temporada de "The Good Fight" sabiendo que Donald Trump es presidente de Estados Unidos, que la serie es muy consciente de que lo es y que, ante los puntos de vista tradicionales, por decirlo de algún modo, que el presidente tiene sobre el papel de la mujer en la sociedad del XXI, ya es un título que presenta toda una declaración de intenciones al tener en su centro a tres mujeres de diferentes edades, razas y orientaciones sexuales. Robert y Michelle King, creadores de "The Good Wife" y de su spin-off, explicaban no hace mucho que el título, "la buena lucha" (la lucha correcta), había dejado de ser cínico para pasar a ser idealista. La cara de asombro con la que Diane Lockhart ve por televisión la toma de posesión de Trump se traslada a una burbuja liberal de Chicago (en palabras del propio Robert King) que descubre que su lucha por ciertos derechos está lejos de acabarse.

Aunque "The Good Fight" utilice otro escándalo para arrancar su historia (éste financiero, en lugar de sexual y político), y sea su principal personaje nuevo, Maia Rindell, la que herede un poco parte de la trama de Alicia Florrick lidiando con las consecuencias que dicho escándalo tiene en su vida privada (que deja de serlo), es Diane el gran motor de la serie. La estafa piramidal orquestada por la familia Rindell la deja arruinada y teniendo que posponer sus planes de un retiro dorado en el sur de Francia, y aunque la clase y el nivel de su vestuario no desciende (ni muerta), va a tener que tirar de todas sus reservas de resistencia para superar todos los golpes que va recibiendo en los dos primeros episodios de la serie.

Divorcio, cuentas congeladas, David Lee haciendo de las suyas, socios reticentes a su entrada en un bufete de abogados mayoritariamente negros, una relación distante con Luca Quinn, la otra gran repescada de la serie original, la sensación de que tiene que volver a demostrar su valía, que tiene que escalar de nuevo la cima que ya había conquistado... Todo eso le da a Christine Baranski material de primera para demostrar que puede ser la gran protagonista de su propia serie, y lleva a "The Good Fight" a recuperar el tono y la atmósfera de las primeras temporadas de "The Good Wife", cuando Alicia no era todavía la abogada resabiada y la mujer que no va a permitir que nadie más la humille del final, cuando tenía que ganarse el respeto de los demás a pesar de la losa de su apellido y de ser alguien que, a una edad en la que los profesionales han alcanzado sus metas laborales, ella estaba empezando de nuevo.

En ese aspecto, casi puede decirse que Diane y Maia representan la experiencia de la señora Florrick desdoblada en dos; una tiene que reinventarse en una etapa tardía de su vida, y la otra tiene que sobrevivir como pueda a un escándalo capaz de destruirla. Y esa no es la única similitud con su serie madre. "The Good Fight" muestra que está en el mismo universo, y aunque vaya a ser un poco más directa en el tratamiento de algunos temas (emitirse en CBS All Access le da esa posibilidad), da la sensación de que va a constituir más una evolución, una adaptación de lo que era "The Good Wife" a los tiempos de Trump.

14 febrero 2017

Un aviso de programación


Probablemente os habréis dado cuenta de que, en los últimos meses, el ritmo de publicación en este blog se ha vuelto un poco más errático. Suele pasar cuando el Mundo Real conspira para que quede muy poco tiempo libre que dedicarle a este espacio, y por desgracia, ésta va a ser la tónica general a partir de ahora.

Este diario de Mr. MacGuffin no cierra ni se queda en barbecho, pero sí va a actualizarse con menos periodicidad que hasta ahora. Casi doce años son muchos para un blog y, al final, es un poco inevitable que decaiga el ritmo, que no el interés. Pero hay otros proyectos en el horizonte, de los que enteraréis en breve, que no me permiten seguir escribiendo aquí todo lo que me gustaría.

Así que habrá más entradas "macguffineras", pero quizás sean una o dos a la semana, no diariamente. Eso sí, la canción de la semana y la película y el libro que acabo de ver o que estoy leyendo sí se actualizarán regularmente. De hecho, aunque llegue con retraso, vamos con esa...

Música de la semana: "Unbreakable Kimmy Schmidt" ha lanzado su primer teaser de su tercera temporada, que se estrena el 19 de mayo, dando rienda suelta a Titus Andromedon y su obsesión con Beyoncé homenajeando una parte del videoclip de "Hold up".

07 febrero 2017

El "peligro" de no tomarse en serio


Ayer hubo una pequeña perturbación en la Fuerza en Twitter a cuenta de una lista que la revista GQ publicó de series basadas en cómics. Eran 16 y, con alguna excepción, casi todas eran de superhéroes, y de todas se ofrecía una línea con lo mejor y otra con lo peor que tienen. Teniendo en cuenta la publicación en la que apareció, no es de extrañar que la que ocupara el número 1 fuera "Daredevil", pero lo que más llamó la atención fue que en la última, "Supergirl", se destacara entre lo peor que "es tan alegre y jovial que chirría. Solo se toma en serio a sí misma en los cinco primeros episodios".

Ahí está el quid de la cuestión. Esa lista de GQ representa bastante bien cómo, en el caso concreto de las series comiqueras, se valoran más los títulos más oscuros, más serios y, a ser posible, con trama serializada, que los capítulos autoconclusivos son "de vagos". Por eso, el top 3 de esa lista lo tienen "Daredevil", "Jessica Jones" (aunque parece que sólo les interesaba Kilgrave) y "The Walking Dead"; son tres títulos en los que sus protagonistas cargan con el peso del mundo sobre sus hombros, en los que la oscuridad lo permea todo, ya sea porque Matt Murdock actúa sobre todo de noche, o por lo perturbador del poder de Kilgrave o porque Rick y los suyos están en medio de un apocalipsis zombie.

Una pátina de trascendencia y oscuridad ayuda a dar la primera impresión de que la serie tiene que ser tomada en serio. Cuanto menos humor haya, mejor. Ni el sarcasmo se permite. Dios nos libre de darnos cuenta de lo divertida que era "The Wire", por ejemplo. Pero es quedarse con una visión muy corta y pequeña de la ficción, y no ver las series por lo que son. "Supergirl" y "Legends of tomorrow" (que sí merece más estar en el último puesto) son claras respuestas a la excesiva seriedad de "Batman v Superman", por ejemplo. La primera es muy consciente de que los primos kryptonianos empezaron siendo faros de esperanza y optimismo, y ése es el camino que adopta, y la segunda quiere aspirar a conseguir el tono de las historias de aventuras ochenteras. ¿Tiene algo de malo que no se tomen a sí mismas en serio? A veces, ahí está el truco para conseguir series que realmente funcionen.

De hecho, a veces hay que recelar de las producciones que se precian de ser muy oscuras y de hablar de cosas muy importantes. Ese tono no se puede mantener durante mucho tiempo sin caer en el bajón y en utilizar la aspiración de trascendencia para ocultar faltas de ideas, por ejemplo. La misma "Daredevil" es un caso claro de las virtudes y defectos de su enfoque. La primera temporada funcionaba porque se construyó un buen villano (Wilson Fisk), los matices de la personalidad de Matt estaban bien reflejados y la dinámica entre el propio Matt, Foggy y Karen era realmente entretenida. En la segunda entrega, sin embargo, se quiso redoblar la oscuridad, redoblar las amenazas y ponerse más serios, y en ocasiones cayeron en ser un "Arrow" con ínfulas. No tomarse demasiado en serio a sí mismo siempre es algo muy sano, hasta en una serie de televisión.

05 febrero 2017

En defensa de "Girls"

"Creo que puedo ser la voz de mi generación. O, al menos, la voz de una generación". Ese chiste casi al final del primer episodio de "Girls" ha terminado definiendo el 85% de las críticas que se le han hecho a la serie creada por Lena Dunham, que la semana que viene arranca su sexta y última temporada en HBO. Las más feroces se tomaban esa afirmación en serio, como si no se hubieran dado cuenta del tipo de serie que estaban viendo, y confundían al personaje con la actriz que lo interpretaba (y la guionista y directora que lo había puesto en pie). Cualquier ataque contra "Girls" pasó a ser directamente contra la propia Dunham; que si nepotismo, que si está obsesionada con salir desnuda, que si no hay diversidad racial (una crítica que Dunham sí ha reconocido que es acertada), que si sus personajes son una panda de malcriados, egocéntricos...

Posiblemente ya hemos comentado otras veces que, precisamente, la gracia de "Girls" está en que sí, sus personajes son unos malcriados egocéntricos, y la serie lo sabe y no les pasa ni una. Nos enseña todas las meteduras de pata de Hannah, todos los castillos en el aire de Marnie, todas las dudas de Shoshanna y todos los problemas de Jessa para que veamos que las cuatro son más que meros arquetipos, que no son como las chicas veinteañeras que suelen protagonizar series de televisión. No son agradables, ni adorables, ni la mejor amiga sarcástica o la protagonista fuerte; son cuatro veinteañeras de la generación millennial, de la que creía que sólo tenían que ir a la universidad para tener la vida solucionada y se considera lo más especial del mundo. La mayor revelación de "Girls" la tuvo la propia Hannah en la segunda temporada, en aquel capítulo en el que pasaba un fin de semana en casa de un médico divorciado con la pinta de Patrick Wilson: ella no es especial, sino que quiere lo mismo que quiere todo el mundo.

El camino a la realización de las cuatro de que no son faros únicos de luz en el mundo, que hay vida más allá de sus propias necesidades (si supieran cuáles son), es lo que ha estado contando "Girls" en estas seis temporadas. Ha tenido sus altibajos y sus equivocaciones, pero la lucidez del retrato de sus protagonistas tiene pocos iguales en la televisión actual. The New York Times dedicaba un reportaje a las seis maneras en la que "Girls" había cambiado la ficción estadounidense, y quizás las más interesantes sean la falta de miedo a tener protagonistas femeninas imperfectas y la aparición de muchas más comedias de corte indie y con una voz muy personal detrás. "Broad City", "Insecure", "Master of none" o "Search Party" le deben todas parte de la razón de su existencia al camino que abrió Lena Dunham, y ese camino, además, ha estado lleno de grandes momentos.

Porque "Girls" no es sólo "One man's trash" o "The panic in Central Park", el mejor episodio de la quinta temporada. También es una colección de situaciones humorísticas realmente divertidas, pero no del modo tradicional de una comedia televisiva. Está la crisis de Shoshanna al darse cuenta de que ha tomado crack en una fiesta, la versión a lo lounge music de Kanye West de Marnie, el retiro femenino para divorciadas al que va la madre de Hannah o ese chiste inicial, ese "soy la voz de mi generación" que Hannah les dice a sus padres colocada, pretendiendo que lean su "novela" allí mismo y como excusa para que no dejen de pasarle dinero. Probablemente, la última temporada no va a otorgar redenciones a las chicas ni va a convertir a Hannah en una protagonista más fácil de "querer". Pero seguro que va a ser interesante de ver.

Música de la semana: "Girls" es, también, una de las series que mejor rueda escenas en discotecas y fiestas. En la quinta temporada, con la estancia de Shoshanna en Japón, nos enseña un concierto de FLiP, una banda femenina japonesa que empezó en el punk y luego ha evolucionado hacia algo más pop. "Girl", la canción que abre y cierra ese episodio, es de ese último disco.

03 febrero 2017

La memoria de Juan Elías


"Sé quién eres" se abre con una imagen que es, de paso, una metáfora del estado mental de su protagonista, Juan Elías, poderoso abogado de Barcelona involucrado, al parecer, en la desaparición de su sobrina. Él alega amnesia, después de haber sufrido un accidente de tráfico, y lo primero que vemos en la serie es al propio Elías, caminando solo, en medio de la niebla, por una carretera. Poco a poco, la niebla se despeja y se da cuenta de que, efectivamente, está en una carretera en medio de un bosque. La claridad se hace en el plano, pero no en la mente de Elías. O eso dice él. Aunque también puede ser que la claridad que adquiera sea otra, y no la de sus recuerdos.

Ahí está el juego y el misterio de esta serie de Telecinco, obra del equipo que forman Ivan Mercadé en los guiones (como coordinador, en este caso) y Pau Freixas en la dirección, un equipo responsable también de "Cites". La sobrina de Juan no aparece, pero se encuentra su sangre en el coche de él, y su socio en el bufete y su mujer, jueza, cierran filas para intentar salvar los muebles. ¿Pero qué está pasando en la cabeza de Juan? ¿Realmente no recuerda nada? ¿O no es más que un engaño? ¿De verdad le horroriza descubrir la clase de hombre que era antes del accidente? A su alrededor se mueve también la familia de su sobrina y un joven bufete de abogados contratado como acusación particular, más el policía encargado de investigar el caso. Todos ellos buscan a Ana Saura con sus propios intereses de por medio.

Porque gran parte de la gracia de "Sé quién eres" no sólo es averiguar hasta qué punto está siendo sincero Juan Elías, sino qué buscan todos los involucrados en el caso, qué provecho quieren sacar. Esto no es tanto como el retrato que "Forbrydelsen" o "The Killing" hacían de la familia de la chica asesinada en sus primeras temporadas, una familia rota por el dolor. Aquí hay más cinismo. Todos pueden estar preocupados por el paradero de Ana, por si está muerta, pero no dejan de calcular las probabilidades de que el caso les hunda o les beneficie.

Apenas se han emitido tres episodios, así que es pronto para saber si "Sé quién eres" acabará como una de las revelaciones de la ficción nacional de este 2017. De momento, apunta buenas maneras, incluso con algunas interpretaciones muy acartonadas y esa manía de las series españolas de no mencionar explícitamente la ciudad en la que transcurren, aunque en ésta ha llegado a verse el letrero de un hotel que decía "Meliá Barcelona Sky". El misterio se va desenredando al ritmo corecto para engancharnos y, al mismo tiempo, que no parezca que están jugando con nosotros, y Elías es lo suficientemente enigmático como para no nos cansemos de su excusa eterna de "no recuerdo nada", o de su desprecio al ver la vida que llevaba antes. Porque puede estar amnésico, puede afirmar que ya no es aquel hombre, pero la arrogancia del abogado estrella sigue estando ahí.

01 febrero 2017

Justicia para Jules


ALERTA SPOILERS: Seguid leyendo sólo si habéis visto el final de la primera (y esperemos que no única) temporada de "Sweet/Vicious".

La primera temporada de "Sweet/Vicious" ha caminado una cuerda floja muy difícil. Su mezcla de historia de justicieras, de comedia negra universitaria y de drama casi de denuncia sobre la cultura de la violación en los campus estadounidenses no era sencilla de conseguir, y mucho menos de mantener durante diez capítulos de una hora. Se corría el riesgo de frivolizar y sensacionalizar el tema, o de victimizar y culpabilizar demasiado... El equilibrio se ha mantenido de una manera que ha convertido a la serie de MTV en una de las mejores de este arranque de 2017, aunque se estrenara a finales del año pasado, pero sus audiencias han sido tan bajas, que The Hollywood Reporter la ha bautizado como "la mejor serie de la que nunca has oído hablar".

"Sweet/Vicious" se ha dado cuenta también de que no podía alargar indefinidamente que Jules y Ophelia no se metieran en problemas por sus actividades de justicieras. Los dos episodios sobre la búsqueda de la policía del vigilante enmascarado (búsqueda hecha siguiendo los protocolos que se siguen en caso de tiroteo) y sobre la violación de Jules, que vemos en varios flashback, han sido, probablemente, los mejores de la temporada por como lo centraba todo en el intento de una de sus protagonistas por asumir lo que le pasó e intentar superarlo, aunque realmente nunca vaya a hacerlo. No perder de vista cuál era su centro emocional ha sido uno de sus grandes logros, eso y que la trama nunca se ha detenido.

Si Jules y Ophelia empezaban a coquetear peligrosamente con que las descubrieran (sobre todo a través de la investigación de Harris y de sus propios errores), alguien tenía que acabar descubriéndolas, del mismo modo que no podía dilatarse durante demasiado tiempo la confrontación de Jules con Nate y Kennedy. El primero acaba retratado como alguien demasiado encantado con su privilegio de deportista blanco con buenas conexiones, que no es capaz de pensar que puede haber hecho algo malo o que no puede coger cualquier cosa que le venga en gana. A Nate no le entra en la cabeza que lo que hizo con Jules estuvo mal, y la manera en la que parte de los alumnos, y la directiva de la universidad, lo apoyan expone el principal objeto de crítica de "Sweet/Vicious", que es la respuesta de las instituciones y la culpabilización de la víctima. En cuanto a Kennedy, su evolución a lo largo de los diez episodios, de no fiarse del todo a Jules a apoyarla incondicionalmente, ha estado mejor llevada de lo que parecía en un principio.

El cierre de la temporada ha representado todo lo que ha hecho de "Sweet/Vicious" un visionado muy disfrutable. Ha tenido momentos emocionales y emocionantes, ha dejado abierta la posibilidad a que Jules y Ophelia tengan la contribución de casi todos los alumnos en sus actividades como justicieras (elaborando unas tramas a la altura de "Veronica Mars"), y no se ha olvidado de los toques de humor. Se la echará mucho de menos si MTV decide no seguir con ella.

31 enero 2017

Las personalidades de Shyamalan


ALERTA SPOILERS: Se puede hablar sobre la película "Múltiple" sin spoilers, pero como lo que más me interesa es, precisamente, la revelación que va construyéndose durante todo su metraje, es mejor que no sigáis leyendo si no la habéis visto.

A principios de los 2000, todas las películas de M. Night Shyamalan se vendían como cintas de terror. Daba igual que fueran dramas sobre el miedo al exterior, como "El bosque", o cuentos como "La joven del agua", los trailers y la promoción enfatizaban siempre lo mismo: un aire inquietante que no siempre estaba ahí.

Una de las que sufrió más la consecuencias de esa discrepancia fue "El protegido" ("Unbreakable"), una historia en la que Bruce Willis daba vida a un hombre corriente que era "irrompible", podía sobrevivir a todo tipo de accidentes y sucesos violentos, y al que buscaba desesperadamente un Samuel L. Jackson cuyo personaje era su opuesto, alguien que desde pequeño había tenido huesos de cristal y había acabado confinado en una silla de ruedas. Ni siquiera que Jackson fuera un fan de los cómics dio pistas en su momento al público de que no estaban viendo una de miedo, sino una de superhéroes. "El protegido" es, en realidad, la historia de origen de un héroe y un villano, que se va desvelando poco a poco. Parece que, al principio, estamos viendo un drama alrededor de la familia del personaje de Bruce Willis, y las cartas superheroicas se muestran con el paso de los minutos.

Algo similar ocurre con "Múltiple", la última película de Shyamalan. Inicialmente, da la sensación de que vamos a ver una de terror con tres chicas a merced de un psicópata que, además, tiene trastorno de personalidad múltiple, pero se ni van ofereciendo pistas de que, tal vez, estemos ante otra cosa. La charla de la psicóloga de que las personas como Kevin pueden ser un paso más allá en la evolución, de que puede considerarse un superpoder que sean capaces de fragmentar su personalidad como respuesta a un gran trauma, ya hace sospechar de que Shyamalan es muy fan de los mutantes de X-Men. La manera en la que aparece la personalidad número 24, la Bestia, y el hecho de que sea algo así como su propia versión del Increíble Hulk es un gran indicador de que "Múltiple" es la historia de origen de un supervillano.

El propio Shyamalan ha explicado que Kevin, en realidad, debería haber salido en "El protegido", pero que era demasiado potente y nunca terminaba de encajar en la película que él quería contar. Así se explica esa última escena en el restaurante, que conecta ambas cintas como pertenecientes a un mismo universo, el de los superhéroes de Shyamalan. Y éstos están a pie de calle, y sus poderes aparecen como respuesta a algo muy concreto que ocurre en sus vidas. ¿Llegaremos a ver un David Dunn vs La Horda?

29 enero 2017

Por la seguridad nacional


ALERTA SPOILERS: Si no habéis visto los dos primeros episodios de la sexta temporada de "Homeland", es mejor que no sigáis leyendo.

La amenaza de un golpe de estado interno en Estados Unidos era uno de los asuntos favoritos de unos cuantos thrillers políticos de los 60 y los 70. "Siete días de mayo" es uno de los más evidentes: varios generales conspiran para derrocar al presidente porque está a favor del desarme nuclear, y ellos creen que los deja expuestos a un ataque de la URSS. La trama que introduce "Homeland" al principio de su sexta temporada con la nueva presidenta, recién elegida, y los temores que la CIA y el ejército tienen sobre ella, parece estar influida directamente por esa película de John Frankenheimer. Esas reuniones clandestinas de Dar Adal, ¿están planteando la posibilidad de un golpe de estado encubierto?

Al mismo tiempo, tenemos a Carrie Mathison que, aunque está asesorando en secreto a la nueva presidenta en temas de inteligencia, trabaja realmente en un bufete de abogados que se dedica a ayudar a personas que han sido arrestadas con cargos de riesgo para la seguridad nacional. Carrie es cada vez más crítica con la estrategia de Estados Unidos y, especialmente, de la CIA para luchar contra el terrorismo integrista, y traslada esas críticas a un trabajo en el que ve a personas que acaban detenidas más por ser demasiado ingenuas que por tener realmente conexiones terroristas. Su nuevo cliente es un chico que tiene una página web en la que critica a Estados Unidos y ensalza a sus enemigos, y cuyo padre fue deportado de vuelta a Nigeria catorce años atrás.

De momento, parece que ambas tramas están separadas, pero es de esperar que acaben confluyendo. Sobre todo porque empiezan a pintar un panorama con el que "Homeland", si decide adentrarse por ahí, puede estar criticando justo esa política anti-terrorista de Estados Unidos, que parece una extrapolación directa de la denominada "guerra contra las drogas": detén a cualquiera con las conexiones más indirectas con cualquier cosa mínimanente relacionada con el fundamentalismo islámico. Y no cambies dicha política, porque se ha creado toda una industria de compañías privadas de seguridad a su alrededor.

Todavía es pronto para saber si la serie va a acabar yendo por ahí, pero es un punto de partida muy interesante. Mientras tanto, Carrie sigue queriendo que Saul Berenson y la CIA la dejen en paz, y Saul sigue sin fiarse de que ella haya abandonado del todo ese mundo. Lo que ella hace es trasladar su modo de operación cuando trabajaba para la agencia al bufete, porque Carrie no puede dejar de ser Carrie. Si cree que se está produciendo una injusticia, que hay algo que nadie más está viendo, no va a parar hasta resolverlo. Y tampoco a dejar en la estacada a un Quinn que debería estar muerto, y que no acepta demasiado bien seguir vivo.

Música de la semana: Como no podía ser de otra manera en una serie de The CW, el primer episodio de "Riverdale" está repleto de canciones de los grupos más a la última. La que cierra el capítulo es otra favorita de "American Horror Story" y encaja perfectamente con la atmósfera que se le quiere dar a la serie. Es "The passenger", de la banda berlinesa de electropop Hunter as a Horse.

27 enero 2017

El paraguas del instituto


El género de instituto es mucho más flexible de lo que puede parecer en un principio. Sí, tiene unas normas y unos arquetipos muy definidos, y que todo el mundo sigue, pero dentro de ese conjunto de reglas preestablecidas hay bastante margen para contar otras historias que vayan más allá del coming of age, de la maduración de su protagonista hacia algo más parecido a un adulto. Se pueden hacer comedias negras, thrillers de terror, dramas personales muy intensos, historias de ciencia ficción, de superhéroes, noir... El instituto no es más que un escenario. Aunque marque el comportamiento de sus personajes, sólo es el fondo sobre el que "pintar" el cuadro que realmente interesa.

"Riverdale" es un ejemplo de esa elasticidad. La serie de The CW no inventa nada nuevo (al menos, no lo hace en el piloto), pero da unas pinceladas de que un título teen, como el vetusto "Archie", puede renovarse para añadir toques de misterio y de comedia de diálogos sarcásticos. En Estados Unidos, "Archie" es toda una institución, una que estableció en los años 30 las bases para todo el género de instituto posterior con sus claramente delimitados protagonistas, del idealizado buen chico a la "vecina de al lado" o la popular que desprecia a quienes considera que están por debajo de ella en la escala social. La televisión estadounidense está obsesionada con la adolescencia y, en especial, con la sensación de que, para algunos, el instituto fue la época en la que tocaron techo, en la que dieron de sí todo lo que podían. Si a eso le añadimos triángulos amorosos y asesinatos con oscuras ramificaciones, no es de extrañar que "Riverdale" sonara tan atractiva para la cadena.

Realmente, la serie se presenta como un híbrido complicado, un cóctel que utiliza bastantes elementos, en teoría dispares, para contar su historia. Están el componente de "pueblo pequeño lleno de secretos" (de ahí vienen las comparaciones con "Twin Peaks", por ejemplo), los diálogos a medias entre "Glee" y "Dawson crece" (y con tantas referencias pop como los de "Veronica Mars"), las complicaciones sentimentales (y sexuales) propias de "Gossip Girl" (más un personaje que lo cuenta todo en voz en off, como si fuera un narrador omnisciente), el drama entre los padres que podía haber en "The OC"... Este Archie quiere ser más moderno, estar más en la línea de las series que se llevan ahora, y quienes disfruten con el género de instituto, van a encontrar una serie muy disfrutable.

El reto, como siempre, será su evolución. "Veronica Mars", por ejemplo, tenía muy claro que era, en realidad, una serie de detectives, mientras "Gossip Girl" sabía que era un culebrón de lujo. "Riverdale" empieza presentando el toque de misterio en medio de su historia de instituto, y será cuestión de ver cuál de sus dos partes gana más peso, o si se integran bien en el resto de la temporada.

26 enero 2017

Barry Allen contra el futuro


ALERTA SPOILERS: Si no habéis visto el regreso de la tercera temporada de "The Flash" tras el parón invernal, no sigáis leyendo.

"The Flash" ha estado jugando con los viajes en el tiempo desde la mitad de su primera temporada. Entrenando para ser más rápido que Reverse Flash, Barry viaja accidentalmente un par de días al pasado, y empieza su mala costumbre de que, cada vez que algo no sale como él quiere, viaja atrás en el tiempo e intenta arreglarlo. Es verdad que cualquiera regresaría a rescatar a sus padres si tuviera esa habilidad, pero ya ha quedado demostrado que, cada vez que Barry Allen va al pasado a solucionar algo, acaba empeorando la situación en el presente.

Y en el futuro, como queda claro en este tramo intermedio de la tercera temporada. Aunque Flashpoint fuera liquidada en el primer capítulo, sus ramificaciones se dejaron sentir hasta en el crossover a cuatro bandas del pasado mes de diciembre, y conforme transcurre la temporada, Barry cada vez es más consciente de la enorme responsabilidad que conlleva poder viajar en el tiempo. "Borrowing problems from the future", el episodio con el que la serie vuelve de su parón invernal, da un giro un poco diferente a lo que hemos estado viendo hasta ahora al hacer que Barry tenga, en su lugar, una visión del futuro más cercano, de un futuro en el que, como ocurrió en la cuarta temporada de "Arrow", sabemos que alguien va a morir a tiempo para el final de temporada. Y que ese alguien va a ser Iris, a manos de Savitar.

Ya tenemos el impulso de esta segunda mitad de la tercera entrega: intentar cambiar el futuro. Es uno de los grandes dilemas de las historias de viajeros temporales, y que explica perfectamente HR. El futuro puede ser maleable, sólo uno de los diferentes posibles, o cualquier paso que des acabará llevando a que ocurra lo que querías evitar. Al final, es una vuelta de tuerca a uno de los pilares sobre los que se asienta últimamente "The Flash", que son las consecuencias de jugar con el tiempo. Está bien que a Barry y Wally les encante tener poderes, pero han de ser conscientes de que no pueden creerse con derecho a actuar sin pensar en las consecuencias.

La muerte de Iris, y la conversión definitiva de Caitlin en Killer Frost, son los dos objetivos hacia los que se encamina la temporada, y que dan un mayor peso a la lucha contra Savitar. Ahora, es un villano contra el que Barry y compañía están implicados directa y emocionalmente, y eso siempre ayuda a que el malo funcione mejor. Lo divertido de este episodio es que, entre los eventos que tienen que cambiar para evitar que el futuro suceda como lo vio Barry, figura que Music Meister, villano creado originalmente para la serie "Batman: The Brave and the Bold", recibe un jugoso contrato para escribir un libro. Así, con una sola línea, ya está preparado el crossover musical con "Supergirl".