07 septiembre 2017

Audrey Horne tiene la clave


ALERTA SPOILERS: Como se va a comentar su escena final, no sigáis leyendo si no queréis saber nada de "Twin Peaks: The Return".

"Twin Peaks" ha sido un revival que no se ha plegado a ninguna de las convenciones que podríamos esperar de uno. Se ha resistido tozudamente a bañarse en la nostalgia de sus grandes éxitos pasados, aunque retomara momentos de sus dos primeras temporadas y de la película "Fuego camina conmigo". Tampoco ha intentado ofrecer una vía fácil de enganche para los espectadores que no hubieran visto "Twin Peaks" y que quisieran subirse al carro ahora. Y, sobre todo, no ha querido explicar casi ninguno de sus enigmas. Sí ha dado cierre a algunas historias (como la de Big Ed y Norma, o la bonita despedida a la Señora del Leño), pero ha jugado según sus propias normas, y las de nadie más.

Los últimos diez-quince minutos de la temporada son el ejemplo más evidente. Cooper viaja a Texas a buscar a Laura Palmer, que ahora vive allí con el nombre de Carrie Page. Su intención es llevarla de vuelta a Twin Peaks y a casa de su madre (esa Sarah Palmer en la que habita un ente sobrenatural) y, probablemente, conseguir así derrotar a BOB y sus secuaces. Pero todo el viaje, los largos trayectos en coche o la actitud de Cooper son extraños. Hay algo que no encaja en todo lo que vemos, y no sólo en esa noche en el motel que pasa con Diane, La sensación se confirma cuando ambos llegan a la casa y les abre una mujer que no es Sarah. ¿Qué está pasando allí? ¿Han viajado en el tiempo, como cree Cooper al preguntarse en qué año están? ¿Es otra trampa de los entes de la Logia Negra?

Es probable que la clave para comprenderlo (o, al menos, en parte) esté en la subtrama de Audrey Horne, Ha sido una de las que más ha frustrado a los fans. No volvemos a verla hasta el episodio 12 y, entonces, la encontramos separada por completo de la acción principal y hasta del resto del personajes del pueblo. Parece estar encerrada en casa, con su marido Charlie, y no para de hablar de gente a la que nunca antes se ha visto en la serie. El tema recurrente de todas sus apariciones es ir al Roadhouse a buscar a un tal Billy, y recriminar a su marido que no le deje hacerlo. Pero Audrey nunca consigue salir de la casa.

Lo cierto es que, desde el principio, toda su historia tiene un aire extraño. La manera en la que David Lynch la presenta transmite la sensación de que Audrey no está en Twin Peaks, está en otro lugar, atrapada. ¿Una dimensión alternativa, quizás? El aspecto de Charlie (que recuerda un poco al enano de la Habitación Roja), la verborrea sobre nombres que no significan nada para nosotros, el hecho de que siempre opte por quedarse en casa... Todo tiene el aire de que lo que está pasando con Audrey no es lo que estamos viendo. Y cuando por fin va al Roadhouse, y recupera su baile de siempre, y se asusta por los tipos que se pelean y pide a Charlie que la lleve de vuelta a casa, el hechizo se rompe.

Porque eso parece que le ha pasado a Audrey. No sabemos dónde está ni por qué está allí, pero ha estado viviendo en una "ilusión", o en otra dimensión, hasta que ocurre algo que consigue que escape de allí. ¿Pueden estar Cooper y Laura en la misma situación al final de la serie? ¿Es el grito animal de Laura la llave para que salgan de su propio Roadhouse? ¿Obedecía a eso la trama de Audrey, a ofrecernos una explicación de lo que íbamos a ver al final?

Lynch no es como otros creadores televisivos; él no va a explicar nada de lo que hemos visto. Si esta teoría es buena o paparruchas, queda sólo a nuestro entender.

30 agosto 2017

Androides y herederas del demonio

ALERTA SPOILERS: Esta entrada va a contener spoilers de la tercera temporada de "Dark Matter" y la segunda de "Wynonna Earp". Ándate con cuidado.


Hay un episodio de la tercera temporada de "Dark Matter", "All the time in the world", que representa bien lo que han sido estos trece capítulos. Tres se encuentra de repente atrapado en su propio bucle temporal, en un Día de la Marmota en el que todos sus intentos para avisar a sus compañeros de lo que está pasando, y para intentar romperlo, dejan algunos de los momentos más entretenidos y divertidos de la entrega. Sin embargo, cuando dicho bucle se resuelve, es la Androide la que de repente se encuentra viajando en el tiempo, pero dando saltos por el futuro. Los vistazos que recibe pintan un panorama tirando a oscuro para la tripulación de la Raza y para ella, y todo parece arrancar con esas naves negras con las que se cierra la temporada.

La invasión de los aliens y su conexión con la compañía que fabricó a Dos remite inevitablemente a la trama de las Sombras de "Babylon 5", aquella raza extraterrestre que fomenta la guerra entre narn y centauri para poder entrar después en la galaxia como Pedro por su casa. Aquí, se aprovechan de la guerra entre las corporaciones para hacer lo mismo, con la diferencia de que ellos se van a marcar también una "invasión de los ultracuerpos". Es una trama que casi no había aparecido hasta la recta final de la entrega, y que se integra en una de las líneas argumentales más exploradas por "Dark Matter": la verdadera naturaleza de Dos y la Androide.

Ésta última ha seguido confirmándose como el gran hallazgo de la serie, sobre todo en toda su reacción ante el descubrimiento de que fue Dos, en su vida anterior, quien la construyó y le dio esos atributos más humanos que ya poseía de base porque no quería perder a la mujer que la había creado a ella y, con el tiempo, se había convertido en bastante más que sólo su creadora. Las interacciones entre esos dos personajes después de ese momento no han tenido precio, y la continuada exploración de su identidad de la Androide es de los aspectos mejor manejados de la serie.


"Wynonna Earp" también ha completado una segunda temporada que ha construido sobre lo que mejor funcionaba en la primera entrega y ha ampliado su mitología, integrando también el embarazo de su actriz protagonista para añadir más matices a la personalidad de Wynonna. De hecho, ha contribuido enormemente a desarrollar más los lazos familiares que la unen a su hermana Waverly, que sabe no es una Earp, y su propia responsabilidad de protectora, más que de Purgatory, del heterodoxo grupo de gente que pelea por mantenerlo a salvo de los demonios que quieren destruirlo.

Ese grupo ha seguido la tradición de las series de Joss Whedon y ha desarrollado dinámicas de familia incluso con los nuevos añadidos, especialmente con un Jeremy que ha funcionado bien como alivio cómico en su presentación. Del mismo modo, las villanas han sido entretenidas y han representado un buen reto para los protagonistas, y la serie se ha preocupado por construirlas más allá del "son las malas a las que hay que derrotar al final".

"Wynonna Earp" es muy consciente de lo que es, y lo aprovecha al máximo. Tira de la buena química entre todos sus actores y del carisma de su protagonista para entretener todo lo que pueda, y en lo que puede presumir es de tener algunos de los paisajes más espectaculares de la ficción reciente. Se rueda en los alrededores de Calgary (Canadá), al igual que "Fargo", y los espacios abiertos cubiertos por la nieve le han dado un toque distintivo y muy personal.

24 agosto 2017

Ésta siempre ha sido 'Juego de tronos'


El sexto episodio de la séptima temporada de "Juego de tronos" ha "roto internet", como suele decirse, pero por la disección minuciosa y las protestas sobre algo más anecdótico que fundamental para la serie: sus elipsis temporales. Puede haber críticas hacia otros aspectos del capítulo, pero el 95% se han centrado en la dilatación y la compresión del tiempo en esa expedición al lago helado más allá del Muro. Que si "Juego de tronos" ha pasado a ser la serie más estúpida de la televisión, que si han inventado el teletransporte, que si todo es fanservice y está trufado de Deus ex machina, que si es un culebrón, que si aún es más misógina que antes, que si ahora vale todo, que si ésta no es mi "Juego de tronos", que me la han cambiado...

Algunas de esas críticas son perfectamente razonables; el manejo del tiempo en ese "Beyond the Wall" es torpe, cuanto menos (reconocido por Alan Taylor, el director del episodio), en Invernalia nos están escamoteando información (por lo que todas las quejas deberían esperar al último capítulo, por si acaso) y la trama va tan acelerada, impulsada por que ya casi puede tocarse el final con los dedos, que se pierden algunas cosas por el camino. Pero ésta sigue siendo "Juego de Tronos". No se ha perdido la esencia de la serie ni los personajes han pasado a ser incoherentes con lo que sabíamos de ellos. David Benioff y D.B. Weiss han hecho dar un paso al frente a la parte de su ADN que siempre supimos que dominaría su último tramo: la fantasía épica.

El gran reto de la serie para su última entrega es ése, integrar la mitad más "realista", la de los juegos de poder y las guerras polvorientas, con la de la magia de los Caminantes Blancos, los dragones y las profecías de Bran. No va a ser una integración fácil (este capítulo 7x06 bien lo ha mostrado) porque algunos de los códigos que rigen una parte chirrían en la otra, y los que se aplican en ésa se quedan muy cortos en la anterior. A la magia hay que ponerle unos límites para que no valga, efectivamente, para todo, pero también hay que construir al Rey de la Noche como el rival formidable que tiene que ser, como ese Sauron cuya derrota parece imposible. Los pactos con el espectador de una parte y otra no son los mismos, y lo más lógico es que vaya a haber llanto y rechinar de dientes constante hasta que lleguemos al ultimísimo capítulo.

Lo que sí tiene que mantener su "esencia" son los personajes. Y ésos, de momento, aguantan el chaparrón de elipsis confusas. A algunos, este último episodio les ha venido muy bien para volver a ser interesantes, para conseguir que los espectadores vuelvan a estar de su lado. Incluso los acercamientos personales rozando lo incestuoso son plausibles: "Juego de tronos" considera que lo honorable, la decencia y la inteligencia son cualidades atractivas. Tampoco pasa nada porque esos personajes sean guapos, claro.

¿De qué nos estamos quejando exactamente? ¿De una anédcota, que es lo que es todo el asunto del lago helado? ¿O de algo subyacente que está empezando a aflorar? Para ciertos espectadores, la progresiva importancia del Rey de la Noche es como si el alien hubiera salido del pecho de la serie. Para otros, representa más a Gandalf y Elrond apareciendo en el momento más providencial en el Abismo de Helm. "Juego de tronos" nunca ha sido perfecta; tenía un razón un crítico estadounidense que decía que, más que hacer buenos episodios, hace grandes momentazos, pero ha sabido construir personajes lo suficientemente bien definidos para que nos preocupe qué les va a ocurrir. Pisar el acelerador a fondo en su tramo final puede pasarle factura, sí, pero eso no lo veremos hasta que no aparezcan por última vez sus títulos de crédito.

Pero "Juego de tronos" no ha sufrido un cambio radical. Ha hecho que los sueños con cuervos, las chicas que pueden atravesar llamas sin quemarse, los muertos que se levantan, las sacerdotisas que dan a luz a sombras asesinas y los sacerdotes con el don de la resurrección, los brujos que convocan visiones, los asesinos que cambian de cara y los dragones se desplacen de los márgenes al centro de la historia. Cómo se cuente la historia puede estar sujeto a críticas, pero no que ésa sea la historia; siempre ha sido la que se iba a acabar contando.

17 agosto 2017

Una galaxia de mujeres


Con el final de "Orphan Black", bastantes medios estadounidenses han publicado reportajes que glosan el legado de la serie, que se centran en el impresionante trabajo de su protagonista, Tatiana Maslany, y que destacan la "agenda" feminista que la historia de Sarah y sus sestras ha tenido desde el principio. De hecho, ése ha sido casi el nexo de unión entre todos los artículos que se han ido publicando en la internet anglosajona en las últimas semanas. Ante una sociedad cada vez más entregada alegremente a discriminaciones que parecían superadas, una serie como "Orphan Black", que toma partido de un modo tan decidido, tenía que llamar la atención de los periodistas, aunque lo haya hecho ya en la última entrega y casi más como daño colateral por el Emmy a mejor actriz dramática que ganó Maslany el año pasado.

Pero toda atención es bienvenida para esta pequeña joya de la televisión de serie B, como la llamó en su momento una crítica estadounidense. Es la gran ignorada en todos los reportajes sobre series feministas que han aparecido a España a raíz de las nominaciones a los Emmy de "The Handmaid's Tale", quizás porque estar sólo en Netflix le ha dado poca visibilidad en nuestro país, cuando probablemente sea la más atrevida a la hora de mostrar sus credenciales, y tal vez que haya llegado a su final definitivo contribuya a sacarla de las penumbras. Porque la verdad es que merece la pena. En algunas críticas sobre su cierre se lamentaban de que quizás era demasiado pulp, demasiado abiertamente thriller y se zambullía con demasiado entusiasmo en el lado oscuro de la ciencia avanzada como para que sea incluida en un canon de series que favorece la austeridad y el tener ya aspecto de "serie importante". Que justo su falta de pretensiones, más allá de ser lo más entretenida posible, coarta las probabilidades de que la crítica sesuda se la tome en serio.

Y "Orphan Black" merece ser tomada en serio. Lo merece ya prácticamente sólo por su dedicación a construir un mínimo de cuatro protagonistas femeninas diversas, claramente distintas entre sí, cada una con sus personalidades y sus problemas, perfectamente tridimensionales y con el añadido de que todas están interpretadas por la misma actriz. El retrato individual de Sarah, Alison, Cosima y Helena, y la relación entre ellas, es el verdadero motor de la serie y lo que le permitió superar los baches creativos que fue atravesando (como su tercera temporada). Es también donde está ese legado feminista del que hablan todas las críticas. La mera existencia de esos cuatro personajes es toda una declaración de intenciones.

La construcción de la galaxia de mujeres, como afirma Felix, que puebla la serie es lo que la sitúa como una obra abiertamente feminista. Hay también personajes masculinos bien definidos, como el propio Felix, Art, el entrañable Scott o el impagable Donnie, pero son sus féminas lo que acaba definiendo "Orphan Black". Y las que acaban impulsando un final más centrado en los viajes emocionales de sus personajes que en la acción pura y dura.

06 agosto 2017

El problema de llamarse Sansa Stark


Uno de los personajes que lo ha tenido siempre más difícil a la hora de ganarse al fandom de "Juego de tronos" es Sansa Stark. La hija mayor de Ned y Catelyn empieza la serie (y los libros) como una niña inocente y tonta, una niña que todavía cree en historias de princesas y caballeros, que asume que las canciones sobre gestas heroicas son todas reales y que sueña con casarse con Joffrey porque así, cuando sea mayor, será reina.

El despertar de Sansa de todos esos sueños es violento, repentino y desagradable. En Desembarco del Rey descubre que no hay de verdad justicia, que las canciones de gestas están manipuladas y que las personas honorables como su padre no tienen una esperanza de vida demasiado larga. Sansa tiene que crecer deprisa, aprendiendo de maestras como Cersei, Margaery o Lady Olenna a moverse por la corte y a sobrevivir, y para cuando logra escapar de allí, está más que preparada para resistir los intentos de Meñique de "seducirla", tanto para que sea su socia en sus juegos por el poder como para que pueda entregarse algún día a sus atenciones románticas.

La evolución de Sansa como personaje ha sido una de las más interesantes que nos ha dejado "Juego de Tronos", especialmente hasta llegar a la posición que ocupa ahora, a la diestra de su hermano Jon Nieve. Y aunque eso ha hecho que unos cuantos espectadores redescubran a Sansa y hayan encontrado un nuevo afecto por ella, también parece haber incrementado el odio que otros sentían hacia ella cuando no era más que una niña ingenua. Sansa ha caído presa del "síndrome de Skyler White", o lo que es lo mismo, que las mujeres que "contradicen" de algún modo lo que quieren hacer los hombres protagonistas reciben toda la fuerza del odio del fandom.

En su caso, su "pecado" es ofrecer a Jon otra opinión diferente de la suya sobre cómo gobernar el Norte. Ha tenido sus deslices, como hacerlo en público, pero ha demostrado ser de los personajes más pragmáticos y realistas de la serie. De ésos hace falta tener también algunos cuando tienes muchos más problemas aparte de los Caminantes Blancos. Sin embargo, no apoyar al 100% todo lo que haga su hermano no casa bien con parte de los fans. Hay todo un hilo de Reddit dedicado a expresar y compartir esa animadversión. ¿Puede haber ciertas actitudes detrás de ese odio? ¿Puede ser simplemente que algunos espectadores no ha sido capaces de evolucionar con la serie? ¿Es posible que los ciegue el pelazo perfecto de Jon?

Lo cierto es que Sansa nunca podrá "redimirse" a sus ojos. Y es una pena, porque se pierden a uno de los personajes más interesantes de la saga.

31 julio 2017

Los hombres que no amaban a las mujeres


Cuando se publicó en Estados Unidos "Los hombres que no amaban a las mujeres", el primer libro de la trilogía Millenium de Stieg Larsson, la traducción de su título se cambió del "Män som hatar kvinnor" original ("los hombres que odian a las mujeres") a otro un poco menos beligerante, como si dijéramos: "la chica del tatuaje del dragón", en referencia a Lisbeth Salander. Se ahorraban comentarios de lectores que podían considerar ofensivo el título original, pero perdían la esencia de lo que Larsson estaba contando, que era una historia en la que el maltrato y la violencia sexual contra las mujeres ocupaba un lugar muy importante.

En esa historia, Larsson estaba dejando ver también su opinión al respecto. La indignación desde la que escribía (motivada también por las actividades de la extrema derecha sueca, y por el colaboracionismo con los nazis que nunca se ha llegado a discutir adecuadamente) era su declaración de intenciones, y esa misma declaración de intenciones se aprecia en dos series policiacas que adoptan un célebre diálogo de la segunda temporada de "The Fall", en el que Stella Gibson cita a Margaret Atwood: "los hombres tienen miedo de que las mujeres se rían de ellos. Las mujeres tienen miedo de que los hombres las maten". Esta serie era una interesante y complicada exploración de la misoginia, y su legado se mantiene tanto en la tercera entrega de "Broadchurch" como en "Top of the lake: China girl".

Las dos curiosamente, están compartiendo, más o menos emisión: BBC America está a punto de emitir en Estados Unidos el último episodio del whodunnit de Chris Chibnall, mientras BBC Two acaba de estrenar en el Reino Unido la segunda temporada de la obra de Jane Campion. Y ver seguidos un capítulo de una y otra presenta una fascinante reflexión sobre el modo en el que la sociedad contemporánea ve a las chicas y, por extensión, al resto del género femenino.

En "Broadchurch", Hardy y Miller (esos estupendos David Tennant y Olivia Colman) investigan esta vez una violación a una mujer de mediana edad. Según van hablando con posibles testigos y potenciales sospechosos, la temporada pinta un panorama de objetificación casual de la mujer que es su mayor crítica hacia ese ambiente misógino. Los chavales del instituto se pasan porno en clase porque todo el mundo lo hace, y hay quien se sorprende de que esa mujer en concreto haya sido violada porque es mayor y no demasiado atractiva, que es una idea que permanece subyacente en bastantes de los comentarios de algunos vecinos del pueblo. Hay un momento en el que Hardy reconoce que el caso le hace sentirse avergonzado de ser un hombre. Y resulta muy destacable el modo en el que se muestra el trato hacia la víctima, el apoyo que se le ofrece, y hasta su propia personalidad. No es una mujer con un carácter fácil, un poco en el estilo de la Beth Lattimer de las dos primeras temporadas, e intenta encontrar una explicación a lo que le ha pasado que le permita encontrar un camino para seguir adelante.

En "Broadchurch", los hombres que no cosifican a las mujeres se entregan a la autocompasión y al egocentrismo (la diferencia en la evolución de los padres de Danny es el mejor ejemplo), mientras en "Top of the lake: China girl", a sus hombres no se les ocurre que las féminas a su alrededor puedan tener ideas y motivaciones propias. De las chanzas y los comentarios a espaldas de Robin del resto de policías, más las burlas hacia la agente Miranda (Gwendoline Christie) por su altura, a los clientes de todos los burdeles de Sydney, la serie ofrece pocas excusas a sus personajes masculinos. Uno de ellos llega a afirmar que el destino del hombre es esclavizar a las mujeres, mientras se declara feminista.

Ambos títulos muestran lo comunes que pueden ser estos comportamientos, y cómo casi no les prestamos atención por la misma razón por la que los estudiantes de Broadchurch guardan porno en sus teléfonos, porque lo hace todo el mundo. Los destacan porque son integrales para sus historias y las investigaciones de sus policías, y al hacerlo, acaban situándose en la misma conversación que inició "The Fall" con su caracterización de Stella Gibson. Además de que, vistas ahora, no deja de resultar significativo ver a Offred buscando a los asesinos de una joven asiática, y saber que por los acantilados de Broadchurch se pasea la nueva Doctor Who.

28 julio 2017

Un último hurra para el 12º Doctor


AVISO SPOILERS: Si no habéis visto los dos últimos episodios de la décima temporada de "Doctor Who", es mejor que huyáis de aquí hasta que lo hayáis hecho. 

El anuncio de que el 13º Doctor va a ser una mujer, y el revuelo mediático que se ha organizado a su alrededor, ha hecho que unos cuantos espectadores tengan curiosidad por acercarse por primera vez a "Doctor Who" o que, si abandonaron la serie hace tiempo, les apetezca retomarla. Esos espectadores se bajaron de la TARDIS ante los síntomas de cansancio creativo que la serie ha dado en el tramo final de la etapa de Steven Moffat, y es una lástima, porque se han perdido a uno de los mejores Doctores de la era moderna, sino el mejor.

Diez puede ser la quintaesencia de la "Doctor Who" del siglo XXI, con el carisma de David Tennant y la facilidad con la que sus acompañantes se enamoraban de él, pero Doce ha transmitido a la perfección la naturaleza más íntima del personaje: su sentido del humor, la frustración con quienes no consiguen estar a la altura de su intelecto, el deseo constante de ayudar a quienes están en peligro... De todos los actores que han dado vida al Doctor desde 2005, Peter Capaldi puede ser, probablemente, el mejor, el que ha conseguido combinar con más destreza las excentricidades habituales del Doctor con una mayor sutileza a la hora de mostrar sus emociones.

No todas las historias de estas octava, novena y décima temporadas han estado a su altura, pero Capaldi ha sido siempre una delicia. O quizás ese adjetivo no sea el más adecuado, porque Doce también podía ser bastante gruñón, pero su timing cómico y, sobre todo, la manera en la que utiliza su silencio, los momentos en los que está escuchando a otros personajes, le ha dado el toque distintivo a su Doctor. No hay más que ver su rostro en el especial de Navidad de la octava temporada, "The husbands of River Song", cuando los tres villanos y la propia River hablan del Doctor sin darse cuenta de que lo tienen ahí mismo, de pie junto a ellos. Capaldi, además, ha funcionado igual bien con la Clara de Jenna Coleman (aunque ésta potenciara demasiado el lado emocional), la River Song de Alex Kingston y la Bill Potts de Pearl Mackie, una relación que la serie no termina de explorar del todo, pero que deja grandes momentos en los dos últimos episodios.

Estos "World enough and time" y "The Doctor falls" parecen echar el resto de lo que les quedaba tanto a Moffat como al propio Capaldi antes de ceder los bártulos a Chris Chibnall y Jodie Whittaker en el especial de Navidad. El enfrentamiento con los cybermen y con los dos Master (el psicópata de John Simm y la divertidísima Missy de Michelle Gómez) consigue aunar profundización en sus dos personajes principales, juegos temporales muy bien llevados y una gran reutilización de villanos clásicos, además de unos trucos visuales para mostrarnos a Bill dentro del cuerpo del cyberman realmente eficaces.

La décima temporada, en general, ha sido una recuperación con respecto a la novena, con algunos episodios realmente notables y una curiosísima crítica al nacionalismo británico y el capitalismo extremo en historias como "Thin ice" u "Oxygen". Bill y Nardole han sido añadidos correctos al mundo de "Doctor Who", aunque no hayan dejado tanta huella como se esperaba, y lo que sí ha sido muy destacable es esa despedida por todo lo alto de la temporada. Sobre todo porque, además, al empezar a insinuar la regeneración del Doctor ha hecho algo que las temporadas de Moffat pre 50 aniversario no solían hacer, que es acordarse de que hubo otros dos Doctores previos a Matt Smith.

No sólo es la visión de todos sus acompañantes de la era moderna cuando siente que está llegando el final de Doce, sino la repetición de las frases que tanto Diez como Once expresaron justo antes de regenerarse. Sobre todo, ese "no me quiero ir" de Diez fue realmente inesperado, y un toque curioso antes de que Doce tenga que afrontar su adiós definitivo.

Lo que también ha resultado muy curioso, viendo la temporada tras saberse que habrá 13ª Doctora, son todas las menciones que se hacen a que los Señores del Tiempo pueden regenerarse como hombres o como mujeres. No sólo está Missy para demostrarlo; el propio Doctor le reconoce a Bill que quizás él también fue una mujer en una vida anterior, pero que no lo recuerda. Toda esa charla es un simpático momento entre ambos personajes, un momento que muestra más lo que podrían haber sido que su viaje durante estos doce capítulos.

Ahora ya sólo queda el especial de Navidad, en el que Doce se encontrará con un Primer Doctor que también está a punto de regenerarse, y que igualmente se resiste a ello. ¿Se irá Steven Moffat entregando la historia más grandilocuente que se le ocurra? ¿O tomará otro camino?

Música de la semana: Retomemos esta sección con la publicación de las canciones de "Steven Universe" en formato de disco y con lo que podríamos decir que es su primer single, "Stronger than you", interpretado por Estelle, la voz de Garnet. Y con un vídeo musical grabado en la última Comic-Con de San Diego.

25 julio 2017

La locura del rey Targaryen


La séptima temporada de "Juego de tronos" está presentando en su inicio una interesante lucha de poder a poder. Los trailers apuntaban a la guerra entre Daenerys y Cersei por el Trono de Hierro y el control de Poniente, pero los dos primeros episodios de la entrega han mostrado que esa guerra va más allá de la mera conquista o la defensa de la corona: es casi una guerra filosófica, una lucha de estilos, de diferentes maneras de afrontar una situación de este estilo. Es como si Alejandro Magno se enfrentara a Vlad Tepes.

Sin meternos en terreno de spoilers graves, las tácticas que ambas reinas han usado hasta ahora favorecen esa comparación. Cersei asciende al trono después de hacer volar por los aires el Gran Septo de Baelor, con el Gorrión Supremo, Margaery Tyrell y buena parte de los prohombres de la ciudad dentro. La reina Lannister no destaca precisamente por su sutileza, y sus primeros movimientos para contrarrestar la invasión de Daenerys van por el mismo camino: no tiene demasiadas fuerzas a su lado, pero está dispuesta a lanzarlas todas de golpe para asestar el mazazo más fuerte posible.

La aspirante Targaryen ya ha utilizado esa táctica en su conquista de la Bahía de los Esclavos. Entra en todas las ciudades a sangre y fuego, pasando a cuchillo a los amos esclavistas y liberando a todos los hombres y  mujeres bajo su yugo, pero cuando se marcha a la siguiente ciudad, la situación vuelve a ser la de antes. En Meereen tiene que aprender la diferencia entre conquistar y gobernar, y entre hacerlo mediante el temor y las represalias o a través del respeto del pueblo. Por supuesto, no es fácil, porque si lo fuera, hasta Joffrey habría sido capaz de hacerlo bien, pero el debate constante entre Dany y Tyrion sobre lo cruentos que deben ser para conseguir sus objetivos ejemplifica esa brecha ideológica entre las dos reinas.

Sobre ambas pende, además, la sombra de Aerys II, el Rey Loco que Robert Baratheon destronó. Aerys pretendía arrasar toda Desembarco del Rey con fuego valyrio (algo que claramente sirvió a Cersei de inspiración) y no le dolían prendas a la hora de asar vivos a todos los nobles que le importunaran o ejercer derecho de pernada sobre sus esposas. Su hija Daenerys se pasa toda la serie luchando contra esa sombra. No hace más que repetir que ella no es su padre, y en los libros son muy comunes sus monólogos interiores preguntándose si la locura de Aerys no será hereditaria, si ella no acabará como él en cuanto suba al trono, si tiene alguna posibilidad de ser otro tipo de reina.

En la serie, Daenerys no exterioriza tanto esas dudas, pero el modo en el que escucha a sus consejeros, ya sean Missandei o Tyrion, parece indicar que las tiene igualmente. Se resiste a dejar sueltos a sus dragones porque sabe la destrucción descontrolada que pueden causar. Si el apellido Targaryen es sinónimo de locura y de tomarse demasiado al pie de la letra el lema de su casa, "sangre y fuego", ella parece dispuesta a no dejarse atrapar por ese legado. Por lo menos, en lo que hemos visto hasta ahora. De momento, la Reina Loca es más Lannister que Targaryen.

17 julio 2017

Regeneración o muerte



Es una coincidencia sumamente interesante que el mismo día en que estrenaba su séptima temporada "Juego de tronos", una serie muy masculina que ha acabado dominada por las mujeres, "Doctor Who" anunciaba que el decimotercer ocupante de la TARDIS iba a dejar de ser un varón para convertirse en una mujer. Era una reclamación que un sector nutrido de fans llevaba tiempo haciendo (desde antes de que Peter Capadi asumiera los mandos de la nave); si la serie quería de verdad entrar en su segundo medio siglo de vida tan relevante como hasta ahora, tenía que empezar a dejar de creer que sólo hombres blancos podían ser el Doctor.

Porque "Doctor Who" necesita con urgencia aire fresco. En Basura and TV repasaban las razones por las que BBC necesitaba este cambio: la serie ha perdido audiencia de una manera bastante sensible en las temporadas de Capaldi y también acusa el desgaste de tener a Steven Moffat durante tanto tiempo al frente. Sus historias han perdido frescura e ingenio; ya en la sexta temporada, su pretensión de contar un único misterio para toda la temporada derivó en una de las más flojas de la era moderna, paradójicamente, cuando se encontraba en el punto más alto de su popularidad internacional (en Estados Unidos, sobre todo), y toda la chispa que aportó al principio Matt Smith se perdió en la obsesión por Amy y Rory y, después, en querer convertir a Clara, la nueva acompañante, en otro puzzle más.

La entrada de nuevos productores ejecutivos y nuevos Doctores suele renovar la serie. El cambio de Russell T. Davies y David Tennant a Steven Moffat y Matt Smith dio otro brío a una "Doctor Who" que se había ensimismado en los traumas del Doctor, y ahora, aunque Capaldi ha sido un muy buen protagonista, se necesita alguien que no crea que hace falta un enorme enigma para que funcionen los episodios. A toro pasado, la temporada de Christopher Eccleston fue modélica en su manera de conseguir capítulos autoconclusivos entretenidos y un misterio serializado que no fagocitara el resto de la serie. Chris Chibnall y Jodie Whittaker se enfrentan a un reto muy parecido, con la diferencia de que, ahora, sobre sus hombros descansa la supervivencia de la serie más allá de su reducto de los sábados por la tarde en BBC.

En Vulture afirmaban que, en un panorama cultural en el que hasta "Star Trek" va a tener una serie protagonizada por una mujer (negra, además), "Doctor Who" no podía seguir anclado en sus elecciones del pasado. Si quiere mantenerse relevante, si quiere atraer a un nuevo público que palie su declive en audiencias, si quiere que los periodistas vuelvan a escribir sobre ella como lo hacían en otra época, tiene que regenerarse con el propio Doctor. Y que Trece vaya a ser una mujer es justo la jugada que necesitaba.

11 julio 2017

Si el mundo es racista, ¿es la serie racista?


Cuando se estrenó "The Handmaid's Tale", su showrunner, Bruce Miller, comentaba que uno de los aspectos que habían alterado del libro original de Margaret Atwood era el componente de segregación racial de Gilead. En la novela, el régimen se había desecho de todos los negros y los había mandado a unas colonias aparte; en la serie, sin embargo, Miller decidió mantener mayor diversidad racial (Moira y Luke son negros, por ejemplo) para eludir un campo de minas que podía haber torpedeado la serie desde antes de su estreno: "¿cuál es la diferencia entre hacer una serie sobre racistas y hacer una serie racista?", apuntaba a Variety.

Esa dicotomía es una de las mayores fuentes de críticas hacia "Juego de tronos", por ejemplo. Poniente es un mundo pseudomedieval, por lo que es violento, sucio y quienes ostentan el poder son hombres que tratan a las mujeres como si fueran personas de segunda clase, cuando no directamente propiedades. ¿Quiere eso decir que la serie es machista? Y algo similar le está pasando a "Baby Driver", la última película de Edgar Wright. Juega con los arquetipos habituales en las historias de atracadores, incluido el de "la chica", que le ha granjeado críticas de sexista. ¿Lo es?

Todo dependerá de cómo muestre la serie ese mundo. Las mujeres de "Juego de tronos" van buscando la manera de labrarse sus propias parcelas de poder y, conforme avanzan las temporadas, son las únicas capaces de manejarse en ese juego de poder sin perder, literalmente, la cabeza. Son mucho más conscientes que los hombres del lugar que ocupan y de lo que está en su mano hacer para aprovecharse de ese lugar o para saltárselo; los hombres son menos realistas y acaban ejecutados por sus rivales.

"The Handmaid's Tale" opta por trazar los máximos paralelismos posibles con nuestra sociedad actual, por lo que mantiene la diversidad racial. Su tesis es que la crisis de fertilidad es demasiado importante como para ponerse en plan supremacista blanco, pero ha habido quien les ha recordado que se esterilizaba contra su voluntad a las mujeres mexicanas ingresadas en un hospital de Los Ángeles durante los 70, y que existe la eugenesia. Se puede argumentar que evitar el debate sobre si la serie es tan racista como Gilead es más importante que estas críticas, pero son igualmente válidas.

La línea entre el universo que se presenta y la "política" de la serie o película siempre es muy fina. Ahí está, por ejemplo, "Starship Troopers", una historia militarista y fascistoide que la película presentaba en tono de sátira, pero en la que era muy fácil acusar a la propia cinta de militarista y fascistoide, En cualquier momento puedes deslizarte hacia convertirte en lo que quieres criticar.

28 junio 2017

Las guerreras


Desde que se estrenó "Wonder Woman", a principios de junio, no han dejado de sucederse las historias sobre su impresionante éxito de taquilla, sobre el balón de oxígeno que sus críticas, generalmente buenas, dan al DCU y sobre lo que significa que, por fin, haya una superheroína comandando su propia película. Han surgido también los debates sobre si es feminista o no, sobre si es demasiado naif o no, sobre si es fiel a sus orígenes en el cómic y sobre cuánto le debe a "Capitán América. El primer vengador", cuando en realidad bebe directamente de la primera película de "Superman", y las críticas hacia la película han llegado todas en relación a alguna, o a todas, de estas cuestiones.

Es una gran presión para una cinta que acierta justo por apostar por una trama sencilla y por darle a su heroína un viaje y unos objetivos muy claros y definidos desde el principio. Diana todavía no es Wonder Woman, pero está aprendiendo a serlo, y quiere ayudar al mundo a librarse de la Maldad que Ares insufla siempre en los corazones de los hombres. Ya está. Por el camino se enamora de un espía al servicio de los británicos durante la Primera Guerra Mundial y descubre hasta dónde llegan sus poderes. Y hasta dónde llega el afán destructivo del hombre. Esta sencillez permite que "Wonder Woman" se preocupe por construir personajes que funcionan y, sobre todo, por dejar que Gal Gadot sea una Diana poderosa, ingenua, magnética, divertida y entregada y dé a la película el tono que la hace tan entretenida. El dúo que forma con Chris Pine en el interludio londinense es una cápsula de la mejor comedia romántica, la que se acuerda de que los dos personajes deben verse de igual a igual. Aunque, en realidad, Steve Trevor es plenamente consciente de que Diana está a un nivel superior que él. Cosas de ser descendiente de un dios del Olimpo.

Efectivamente, la costumbre de que el final de las películas de superhéroes sea una carrera por ver quién destruye más cosas de la manera más espectacular afea un poco los logros de la cinta, pero en su creencia de que son los personajes los que impulsan la historia es donde se salva. Y la secuencia de la tierra de nadie es realmente efectiva porque deja bien claro qué tipo de héroe es Wonder Woman.


Ha resultado curioso ver cómo, en algunos cines de Madrid, se pasaba el trailer de "GLOW", nueva serie de Netflix, antes de "Wonder Woman" y no porque sus protagonistas sean superheroínas, sino porque también es una historia sobre mujeres que, a través de la lucha, encuentran su lugar en el mundo. Es una lucha de pega, coreografiada y guionizada como el wrestling, pero el mensaje vale igual. Las catorce que se suben a ese ring a mediados de los 80, preparándose para participar en un programa de televisión que fuera el reverso femenino de la WWE (o WWF, como se llamaba entonces), proceden todas de ambientes sociales diferentes y tienen sus propios viajes personales que superar, pero es en el cuadrilátero donde se dan cuenta de su valía.

Ruth, la actriz en paro que no consigue un papel por mucho que lo mendigue, y Debbie, la ex estrella de telenovelas que se sentía marginada en la serie y que ahora se ve agobiada por su nuevo rol de madre que se queda en casa, son las dos caras más visibles de todo el reparto, y es notable que ninguna de las dos encaje en la protagonista fácil de simpatizar. Ruth (Alison Brie) puede ser demasiado intensa y Debbie (Betty Gilpin), demasiado pagada de sí misma cuando, en realidad, ambas se sientes inseguras del lugar en el que se encuentran en sus vidas y necesitan más que nunca alguien en quien apoyarse, aunque no se atrevan a reconocerlo en voz alta.

El ring les permite descubrir quiénes son de verdad. Al adoptar esos exagerados y caricaturescos personajes en los combates, todas encuentran nuevas facetas de sí mismas que desconocían y, como es tradición en estas historias deportivas, descubren también que son una suerte de familia extendida. Los matices que hay en Ruth, Debbie y Sam (un estupendo Marc Maron) elevan "GLOW" de una comedia más o menos inspirada, con una ochenterísima banda sonora, a una serie bastante más interesante.

12 junio 2017

Una bola de cristal para los Emmy


Las próximas nominaciones a los Emmy deberían ser muy interesantes. "Deberían" porque, de nuevo, esta temporada 2016/17 ha habido muchos estrenos relevantes y muy destacables, y sin "Juego de tronos" en competición para defender su doble corona en mejor drama (la séptima temporada se estrena fuera del periodo der elegibilidad de los premios), la competencia tendría que abrirse más que nunca. Pero pese a sus cambios en la manera de elegir a los nominados y, sobre todo, a los vencedores, los Emmy continúan siendo los Emmy y siguen padeciendo de inercias que les llevan a ignorar sistemáticamente determinadas series, mientras reconocen una y otra vez a otras que deberían dejar hueco a nuevas candidatas.

Donde se nota más esa reticencia a dejar entrar aire fresco es en las categorías de comedia, que este año podrían renovarse casi por completo. "Veep" va a seguir ahí, dominándolo todo, pero entre estrenos de network como "Speechless" o "The good place", novedades que han conquistado a los críticos (y a los Globos de Oro) como "Atlanta" y temporadas tan compactas como la segunda de "Master of none", podría haber relevo. "Fleabag", "Better things", "Insecure", la última temporada de "Girls" (si los Emmy se ponen nostálgicos)... Después de bastante tiempo en el que las comedias no parecían estar a la altura de los dramas, este año hay más que suficiente variedad para que los votantes de la academia renueven unas nominaciones que llevan también demasiado tiempo atascadas en lo de siempre.

No todo va a ser como la durísima competencia que se adivina en miniserie, pero sería muy decepcionante que, en drama, los Emmy no reconocieran a alguno de esos estrenos que han sido fenómenos de audiencia o de crítica. Sin "Juego de tronos", ¿ocupará "Westworld" su hueco? ¿Podrá mantener "Mr. Robot" el favor de los votantes una vez se pasó su factor sorpresa? ¿Conseguirá "The Americans" traducir las candidaturas del año pasado en algún premio en éste? ¿Será "The Crown" la gran beneficiada de que tampoco esté ya otra perenne nominada como "Downton Abbey"? ¿Harán valer sus condiciones de fenómenos populares "Stranger things" y "This is us"?

Hay bastantes incógnitas de cara a unas nominaciones que, en teoría, podrían ser de las más variadas y novedosas de los últimos tiempos. Si "The Handmaid's Tale" logra alguna candidatura en las categorías de drama, sería un triunfo mayúsculo para Hulu, y también asignaría automáticamente a los Emmy de 2017 la etiqueta de "los más políticos recientes". Porque a los periodistas del show business les encanta encontrar una narrativa para sus piezas durante la temporada de premios.

Si nos fiamos de la "bola de cristal" que son las predicciones de Gold Derby, ahora mismo, a falta de un mes para que se lean las candidaturas, "The Crown", "Veep" y "Feud" son las grandes favoritas.

25 mayo 2017

Una presentación de "Guía del Seriéfilo Galáctico"

Quienes os paséis por este blog, aunque sea muy de vez en cuando, probablemente os habréis dado cuenta de que me gustan las series de ciencia ficción. De hecho, tengo otro blog independiente que sólo habla sobre ellas, y que se ha convertido en el germen de un libro, "Guía del Seriéfilo Galáctico", que empezará a llegar a las librerías la semana que viene.

Se publica en Dolmen a través de los chicos de Fuera de Series, con los que llevo escribiendo ya una pequeña temporada, y el título ya indica bastante bien lo que es: una guía de series de ciencia ficción. En total, son 50, distribuidas en cinco bloques temáticos según si cuentan invasiones alienígenas, viajes en el tiempo, futuros especulativos, aventuras en el espacio o si, directamente, sus ideas tiran más hacia el high concept, y el criterio seguido para elegirlas ha sido el mío, claro. Con esto quiero decir que no es una recopilación de las mejores series de ciencia ficción de la historia; es más una reunión de títulos que tienen un punto de partida interesante, o que quieren explorar ideas diferentes, o que sí, son buenas series.

En la portada, obra de David Buisán, que dibuja unas imágenes geniales de series y películas de todo tipo, ya se ven algunos de los títulos que aparecen en la Guía, desde "Doctor Who", "Twin Peaks" y "Fringe" a "V" y "Star Trek", y lo que he intentado es que fuera, también, lo más variado posible. Así que hay hueco para animación, para títulos que no pasaron de la primera temporada y para otros que se acabaron convirtiendo en instituciones culturales, y lo que sí es cierto es que hay más prominencia de series de los últimos quince años, o así. No porque antes fueran peores, o no hubiera, sino porque mi conocimiento de ellas es mucho más limitado.

Pero de todo esto podremos hablar, si estáis por Madrid, el próximo 10 de junio en la Feria del Libro. Si nada se tuerce, estaré en la caseta 178, a las 13 y a las 17. Lo celebraremos como Kara Thrace, pero con menos alcohol y puros.

Música de la semana: Hace tiempo que no había selección musical de la semana, así que, aunque sea ya jueves, vamos con una. Como hoy es el Día del Orgullo Friki, nos quedaremos con una de las canciones que Felicia Day cantó para su serie web "The Guild", centrada en un grupo de jugadores online. Y viene que ni al pelo, porque habla sobre todos los frikis que eran atormentados en el instituto y ahora son los guays. Y lo parodia todo, claro. Day la escribió junto con Jed Whedon, y se titula "I'm the one that's cool".

17 mayo 2017

Las series son más que su trama


Ayer se dio por Twitter una curiosa discusión. Por razones que ahora mismo no vienen al caso, surgieron algunas voces que afirmaban que veían las series a velocidad 1,4x y que no se perdían nada de lo que pasaba en ellas. Voces que aseguraban ser grandes aficionadas a las series, además (y que las veían en versión original subtitulada). Su justificación era que, a esa velocidad, no se distorsionaban todavía ni las voces de los actores ni los diálogos, que se podía seguir perfectamente la historia y que, de esa manera, se hacían más llevaderas secuencias que, si no, eran muy duras de ver (es de suponer que porque eran muy lentas y en ellas "no pasaba nada").

Nadie nos libramos de haber visto series en "pase por entendidos", o lo que es lo mismo, pasando rápidamente las escenas que nos parecen un rollo y viendo sólo las que nos interesan, Suele hacerse, o yo suelo hacerlo, con series que no nos gustan. Las vemos por obligación, o porque queremos saber qué pasa en ellas sin sufrir episodios enteros, o porque hemos perdido el interés pero no queremos dejarlas a la mitad, o porque no queremos ser excluidos de las conversaciones de nuestros amigos. Es decir, las vemos a 1,4x (o a 2x) cuando no nos interesan en absoluto. Por eso, y hablando desde un punto de vista personal, me resulta tan difícil de comprender que alguien vea por sistema todas las series así y afirme que le gustan las ficciones televisivas y es la mejor manera de verlas.

Da la sensación de que se asume que una serie es buena porque su trama lo es, porque engancha, cuenta algo interesante o importante. Se asigna la relevancia última y definitiva a la historia y se desprecia todo lo demás, sobre todo el ritmo con el que se esta contando esa historia. Y el ritmo puede ser tan importante como los giros de guión más imprevisibles. En el arranque de la quinta temporada de "The Americans", por ejemplo, hay una escena de más de cinco minutos en la que Philip, Elizabeth y varios colaboradores suyos cavan un hoyo. Los vemos empezar a utilizar las palas, asegurar las paredes, sacar la tierra que sobra, turnarse cada vez que están cansados y, finalmente, encuentran aquello por lo que estaban excavando. Esa secuencia tiene que durar ocho minutos, o los que sean, para transmitir la dedicación que los Jennings ponen en sus misiones, la carga que éstas pueden ser y los peligros que entrañan hasta las más sencillas. El cuidado por el detalle de esa serie necesita un ritmo específico. Si la vemos a 1,4x sabremos antes por qué estaban cavando el hoyo, pero probablemente perdamos la metáfora que "The Americans" quiere transmitir con esa acción.

Las prisas son enemigas de los tratamientos sutiles, de la creación de atmósferas, de la construcción de relaciones entre personajes que sigan esa frase de "muestra, no lo digas". El cruce de miradas final de "Big little lies", ¿tiene el mismo impacto a 1,4x? ¿Mantiene el mismo humor la exploración de McNulty y Bunk de una escena del crimen en "The Wire" si no se respeta el ritmo al que van intercalando los "fuck" y "motherfucker"? In my opinion, your Honor, esa costumbre de verlo todo a 1,4x da la sensación de obedecer más a la necesidad de quitarte series de encima.

16 mayo 2017

Dioses americanos, criadas y adolescentes noir


En una serie de televisión es tan importante la forma como el fondo. Es decir, resulta tan fundamental lo que se cuenta como la manera en la que se está contando. Lo primero puede disfrazar, momentáneamente, que lo segundo tire a flojito, y lo segundo puede sobreponerse a una puesta en escena pobre si es lo suficientemente potente. Pero sólo hasta cierto punto. Lo ideal es que la estética y lo que se quiere narrar vayan de la mano, y curiosamente, en este primer semestre de 2017 ha habido series de lo más variopinto que han apostado decididamente por una estética muy suya.

"Legión", por ejemplo, llamó rápidamente la atención por la originalidad de su propuesta formal. Si su protagonista era un poderoso mutante que era capaz de distinguir lo real de lo que sólo pasaba en su cabeza, la manera en la que eso se mostraba tenía que llevar al espectador a la mente de David Haller. El riesgo, por supuesto, es que el estilo visual fagocite todo lo demás, un riesgo que han compartido tres series bastante diferentes que, sin embargo, han destacado por una apuesta formal muy decidida.

Por un lado, la distopía totalitaria de "The Handmaid's Tale" presenta el mundo de Gilead como una serie de bonitas composiciones que recuerdan inevitablemente a la pintura de Vermeer y a los simétricos encuadres de Stanley Kubrick. Todo está ordenado, todo sigue un plan, todo tiene el hermoso y tranquilo aspecto de una estampa puritana del siglo XVIII, pero esa estética sirve para contrastar con la violencia soterrada con la que se oprime a las mujeres. El ruido de fondo constante de los walkies de los guardias es un recordatorio de que no hay que fiarse de las apariencias, y los primerísimos planos de sus personajes femeninos potencian el sufrimiento que están pasando.

Después tenemos "American Gods", que apuesta por elevar lo original de su propuesta (los dioses antiguos están en guerra con las nuevas divinidades surgidas del modo de vida contemporáneo occidental) con una estética derivada de lo que Bryan Fuller y el resto de su equipo hicieron en "Hannibal" (que, a su vez, es una evolución del envoltorio formal de "Pushing daisies", y adecuada a una temática más perturbadora y oscura). Shadow Moon se adentra en un nuevo mundo totalmente extraño para él, un mundo lleno de poderes maravillosos y aterradores, así que esa historia no puede contarse con un look de serie realista.

Y, por último, está la manera en la que "Riverdale" se ha decantado por el noir y los códigos del melodrama para adaptar los cómics de Archie y estructurar su temporada alrededor de la investigación del asesinato de Jason Blossom. La constante bruma presente en los pasillos de Riverdale High, la atmósfera de romance gótico (como si hubiera escapado directamente de "La cumbre escarlata") de Thornhill, la mansión de la familia Blossom, los intensos neones de Pop's... Estéticamente, es una serie que no ha dejado ningún detalle al azar.

Cada una de las tres opta por una personalidad visual diferente, dictada por la historia y el tema que tocan, y esa conjunción de forma y fondo resulta muy importante a la hora de acercarnos a ellas.

08 mayo 2017

El gran Stussy


Durante la promoción de la tercera temporada de "Fargo", Noah Hawley, su responsable, aseguraba que, en cuanto a influencias de los hermanos Coen, cada una de las entregas había seguido las líneas tonales de una película diferente. La primera, por supuesto, era más "Fargo", con sus criminales incompetentes y las envidias que se convierten en todo un baño de sangre. La segunda encajaba más en "Muerte entre las flores" por la guerra entre familias mafiosas que ocupaba su centro. Y la tercera, que está ahora en emisión en FX (y Movistar+ en España), se ajusta más a "El gran Lebowski". La comparación queda muy clara desde el principio, y para el tercer capítulo, el tono de la temporada está perfectamente delineado.

Seguimos en Minnesota, pero ahora estamos en 2010 y la historia gira alrededor de los hermanos Ray y Emmit Stussy. El primero es un agente de la condicional que tiene envidia de su hermano, el exitoso "rey de los parkings de Minnesota", y entre ambos hay ciertos asuntos sin resolver relacionados con herencias familiares y, por supuesto, temas de dinero. Entre equivocaciones de identidades y unos gángsters que no son los nihilistas, por desgracia, los dos hermanos Stussy van liando una madeja criminal impulsada, como ya es costumbre, por su propia estupidez y mezquindad.

El retrato que Ewan McGregor hace de los dos hermanos Stussy se llevó, al principio, buena parte de la atención  mediática, pero tras la emisión del tercer episodio, es Carrie Coon la que se está convirtiendo en la reina de la televisión de primavera. Ese tercer capítulo lleva a su personaje, la jefa de policía Gloria Burgle, a Los Ángeles siguiendo una pista que nosotros sabemos que no le va a llevar a ninguna parte, pero que para ella es importante. Es un episodio que llega casi a la vez que la serie que la hizo famosa, "The Leftovers", centra otro capítulo en un viaje de Nora en pos de algo, no sabemos si porque quiere que sea cierto, o porque se empeña en que no lo sea.

Ambas series son distintas, pero la sensación de tristeza y derrota de Gloria y Nora en esos dos episodios es muy notable. En "Fargo", además, es un contraste acusado con la bola de nieve que los Stussy crean con su pueril rencilla fraternal. La vida de Gloria adquiere una sensación de pequeñez, de que escapa a su control; Ray y Emmit se enzarzan en la ya clásica cadena de decisiones estúpidas que, a su vez, llevan a muerte y caos porque los dos se creen más de lo que son. Se creen catedrales y no llegan a ermitas, como diría mi abuela.

Y, además, exponen otro tema que ha servido como nexo de unión de las tres temporadas emitidas hasta ahora de la serie, y es que, en el mundo de "Fargo", las mujeres son las expeditivas, las que toman las decisiones y las que saben qué hacer cuando la situación viene mal dada. Los hombres se dedican a intentar justificarse y, si hacen algo, siempre se equivocan de manera gloriosa. Ellas pueden ser tan imperfectas como ellos; a ellos siempre les falta media neurona.

25 abril 2017

La fábula de la criada


Cuando Margaret Atwood publicó "El cuento de la criada", en 1985, lo hizo inspirada por varios hechos que estaban ocurriendo en Estados Unidos. Como explica en esta entrevista en televisión británica, en aquella época estaba empezando a aparecer, como un movimiento con cierta fuerza, la derecha fundamentalista religiosa en el país y, al mismo tiempo, entre 1982 y 1985, treinta clínicas abortistas habían sufrido atentados con bomba. El clima que se respiraba era de extremo conservadurismo, y Atwood se puso a pensar en lo que pasaría si esos fundamentalistas llegaban alguna vez al poder y llevaban al extremo sus creencias y sus posturas sobre los derechos de las mujeres.

Así nació el punto de partida de "The Handmaid's Tale", la serie que debe poner, de una vez por todas, a Hulu en el mapa, y que HBO España estrenará mañana con los tres primeros episodios. Será la segunda vez que el libro (nominado a los premios Booker y Nebula, y ganador del Arthur C. Clarke) da el salto a la pantalla (en 1990 hubo una película con Faye Dunaway, Robert Duvall y Natasha Richardson), y lo hace como una de las apuestas más fuertes de la temporada. Los temas que trata lo han vuelto muy relevante en los Estados Unidos de Trump y su abierta misoginia, razón por la que, probablemente, ninguno de sus responsables quiere asociar la serie con una crítica a él o con un término, "feminismo", que ha adquirido connotaciones muy negativas para una parte del público (por qué razones ha ocurrido esto es un asunto mucho más complejo para explicarlo aquí). Hulu quiere que esta serie sea un gran éxito de audiencia, no sólo que sea adorada por los críticos y, tal vez, por los Emmy.

Porque la sinopsis pinta un panorama muy poco agradable. Los Estados Unidos se han convertido en Gilead, una república teocrática gobernada por fundamentalistas cristianos (protestantes, en este caso) que se toman la Biblia al pie de la letra y que, para sobrevivir a una plaga de infertilidad entre las mujeres, deciden eliminar de un plumazo todos sus derechos y dejarlas reducidas a bestias de cría. El papel de las mujeres fértiles es ser criadas, personas adiestradas en centros de reeducación que dan más miedo que cualquier idea perturbada de Negan en "The Walking Dead", y que son asignadas a Comandantes del régimen (del Movimiento, si queréis que usemos un término más familiar para los españoles), cuyas esposas son estériles, para que les den un hijo.

A grandes rasgos, ése el punto de partida de novela y serie, cuyo responsable es un guionista con experiencia en la ciencia ficción más mainstream como Bruce Miller (ha estado en "Los 100" y "Alphas"), que adapta muy fielmente el libro aprovechando, al mismo tiempo, para ampliar mucho más su mundo y su punto de vista. Offred, el personaje de Elisabeth Moss, es nuestra guía de entrada, con una voz en off llena de sarcasmo, espíritu de resistencia y amargura (el único lugar donde puede ser totalmente libre son sus pensamientos), pero "The Handmaid's Tale" se preocupa de construir a todos los personajes, incluida a la mujer del Comandante, Serena Joy, a la que Yvonne Strahovski imprime enseguida cierto aire de que ella está atrapada también.

La serie es preciosa de ver, muy elegante, con una fotografía de cuadro de Vermeer que hace destacar mucho más, por contraste, la brutalidad y la opresión que se esconden bajo la formalidad con la que se comporta todo el mundo, regida por unas normas muy estrictas. Las interpretaciones son todas estupendas y el panorama que pinta el primer episodio es el de una serie que apunta muy alto, sobre todo en sus flashbacks al ascenso de Gilead, a cómo, poco a poco, la gente corriente va aceptando sus reglas, cómo le va pareciendo normal la situación excepcional en la que viven. Probablemente, lo que dé más miedo de todo es lo que la Tía Lydia (Ann Dowd) les explica a las futuras criadas en el centro de reeducación: todo esto ahora les parece extraño y alarmante, pero dejará de parecérselo. Y las siguientes generaciones les resultará de lo más normal.

Música de la semana: El primer capítulo de "The Handmaid's Tale" acaba con una canción que adquiere una enorme carga irónica al sonar en sus créditos finales, después de todo lo que hemos visto: "You don't own me", de Lesley Gore, que igual algunos escuchásteis en la presentación de Harley Quinn en "Escuadrón Suicida".

05 abril 2017

Las razones de Hannah Baker


Hannah Baker se ha suicidado. Sólo tenía 17 años y había sobrevivido a duras penas a su primer curso en un nuevo instituto, en una nueva ciudad. La tragedia deja a sus padres preguntándose si podrían haberlo evitado, a la escuela protegiéndose de una demanda por negligencia y al resto de sus compañeros sintiendo cierta culpa- Porque Hannah dejó algo parecido a un testamento, trece cintas de cassette en las que explica por qué acabó decidiendo quitarse la vida, da trece razones para ello, y cada una está personalizada en uno de sus compañeros. En gente que ella consideraba sus amigos.

"Por trece razones", que es el título español de "13 reasons why", es la serie que se zambulle de lleno en la exploración de qué salió mal en la vida de Hannah para que ella decidiera ponerle fin. La acumulación de decepciones, traiciones personales, pequeños fracasos y un creciente sentimiento de angustia y soledad absolutas que acabó culminando en un suicidio en la bañera. Está basada en un libro de Jay Asher y, por las críticas que han aparecido, parece que la serie mejora bastante lo que cuenta su material de partida, añadiendo más matices a sus situaciones y profundizando en sus personajes, especialmente Hannah y en el protagonista principal, Clay, un chaval que empieza a escuchar las cintas y siente cómo, de repente, todo su mundo se desmorona a su alrededor.

Aunque la mayor atención se la haya llevado la producción ejecutiva de Selena Gómez, lo más interesante de la serie es que su principal responsable es el guionista y dramaturgo Brian Yorkey, que se hizo famoso gracias al musical "Next to normal", centrado en una familia cuya matriarca tenía trastorno bipolar. Esa carta de presentación es muy significativa de cara a los temas que trata "Por trece razones", porque no sólo nos muestra la progresiva caída de Hannah hacia la más oscura de las depresiones, sino que enseña cómo sus cintas afectan a las personas que, de un modo u otro, tomaron parte en ese descenso. Ya fueran los chicos que se dedicaban a lanzar rumores falsos sobre ella, o los amigos que terminaron dándole espalda o el chaval que, aunque no deja de ser buena persona, es incapaz de entender nada de lo que está pasando a su alrededor.

La serie tiene en el retrato de esos personajes, y de la propia Hannah, su principal punto fuerte. De Clay conocemos más cosas al mismo tiempo que él va despertando de su letargo de "no sé a qué viene tanto drama en el instituto" y de su retraimiento, y es comprensible que su caracterización haya despertado algunas comparaciones con "Las ventajas de ser un marginado". Hannah, por su parte, está muy bien interpretada por Katherine Langford, todavía con una carrera muy corta, pero que aporta vitalidad y dolor a su personaje, y el resto de chicos del instituto están muy bien elegidos, aunque igual os lleváis un par de sorpresas cuando veais a Sosie Bacon (hija de Kevin Bacon y Kyra Sedgwick) como la rebelde tatuada del insti o a Ross Butler repitiendo su papel de deportista popular de "Riverdale" (con más matices aquí), o a Miles Heizer bastante cambiado desde los tiempos de "Parenthood".

Es cierto que hay algunos aspectos de la trama (relacionados con el trío de amigos atletas) que chocan un poco con el tono que tiene el resto de la serie y que, como ya es marca de la casa en Netflix, habría funcionado de una manera mucho más compacta con tres episodios menos, pero "Por trece razones" acaba siendo muy efectiva emocionalmente y en el detalle con el que muestra a todos esos adolescentes.

Música de la semana: Como buena serie teen, "Por trece razones" tiene una banda sonora realmente notable, de la que una de las canciones más curiosas es "Into the black", un tema de Chromatics que, en realidad, es una versión de un éxito de Neil Young que ha tocado todo el mundo, incluidos Oasis.

27 marzo 2017

Los demonios de Wynonna


Aunque Syfy lleve ya unos años dedicada a tener más series ambientadas en el espacio, y de ciencia ficción más pura y dura, sigue teniendo hueco para títulos un poco más ligeros y más orientados hacia el fantástico. "Wynonna Earp" es una de esas series, una historia de maldiciones, demonios que escapan del infierno y una joven que es la Elegida para acabar con todos ellos.

Si hay algunas cosas que resultan familiares en ese resumen rápido, es porque la sombra de "Buffy, cazavampiros" es muy alargada en esta serie. Es una adaptación de un cómic pero su creadora, Emily Andras (que viene de "Lost girl"), presentó la serie a la cadena, medio en broma, diciendo que era una mezcla entre Buffy y "Frozen". ¿La razón? Que además de tener una Elegida, el centro de la historia está en la relación entre las dos hermanas Earp, Wynonna y Waverly, que una noche vieron cómo los demonios llegaron a su casa, mataron a su hermana mayor, Willa, e hicieron lo mismo con su padre.

Porque los descendientes del legendario sheriff Wyatt Earp tienen la tarea de acabar con los 77 forajidos que su antepasado mató con su revólver Peacemaker, que por culpa de una maldición regresan a la tierra como demonios. Nadie ha logrado tener éxito en esa empresa, y quizás Wynonna, que no debería ser la heredera y, además, es la primera mujer en asumir esta tarea, pueda tener algo más de suerte. Si, por otro lado, consigue controlar otros demonios personales que la persiguen, como el recuerdo de que fue ella quien mató realmente a su padre y varias estancias en hospitales psiquiátricos porque nadie creía su versión.

Así que Wynonna regresa a casa armada, inicialmente, con el sentido del humor que aplica hasta a las situaciones más complicadas, muy poco aprecio por la autoridad y la reputación en el pueblo de ser una chica que sólo busca problemas. Es una clásica heroína reticente, como si Buffy se hubiera dado a la bebida y a la delincuencia menor para olvidar las cosas terribles que hizo en el instituto. Su camino de redención será asumir el legado de la maldición de los Earp y trabajar al lado de Dolls, un agente del gobierno que investiga actividad paranormal de diverso tipo.

"Wynonna Earp" combina cierto esquema de "demonio de la semana" con la historia de fondo de qué objetivos último tienen estos "renacidos, y con la asunción de su protagonista de su nuevo papel, un papel que ella nunca quiso. Los episodios tienen un tono que tira hacia lo desenfadado y lo ligero, con una Wynonna (Melanie Scrofano) realmente entretenida de ver en acción y algunos demonios bastante conseguidos (y hasta un poco inquietantes), y como suele pasar en estas series, con el paso de los capítulos resulta fácil tomar cierto aprecio por casi todos los personajes. Sí, hay algunos muy pasados de rosca (algún villano), pero la apuesta por la diversión de la serie se agradece. Y realmente tiene una buena protagonista.

Música de la semana: "The Americans" es experta en tomar un éxito de los 80 y darle otro sentido diferente al utilizarlo para ambientar escenas que, generalmente, suelen involucrar un asesinato. Ya lo han hecho con Fleetwood Mac y Soft Cell, y en el tercer episodio de la quinta temporada, esa canción es "More than this", de Roxy Music. Aunque esta semana ha habido competencia, porque ese "Art of fear", de The Grassy Knoll, que cerró el séptimo capítulo de "Legión" podría haber sido la elección musical sin problema.

23 marzo 2017

El buen episodio y el contexto de la serie


¿Puede comprenderse realmente que un episodio de una serie es bueno si lo vemos separado de dicha serie? ¿Se puede apreciar su calidad fuera del contexto que le dan los demás capítulos? ¿Es posible apreciarlo como un ente independiente sólo a través de las interpretaciones de sus actores, o del nivel técnico mostrado en la pantalla, sin tener en cuenta el componente emocional? ¿Y ese componente lo da la experiencia acumulada del resto de capítulos, o queda plasmado en ese fragmento excepcional?

Todas estas preguntas surgen a cuenta de un debate en Twitter sobre "Penny Dreadful" y sobre la calidad de algunos de sus episodios. La aseveración inicial apuntaba que la serie tiene siete u ocho capítulos extraordinarios, pero que los demás eran un aburrimiento. Y ahí entraba la discusión de si ese resto soporífero era necesario para que esos episodios destacados lo fueran realmente, o si podían juzgarse como tal de manera independiente. En Twitter no se llegó a ninguna conclusión, probablemente por una definitiva podría encajar en "Penny Dreadful", pero no podría aplicarse a otra serie.

"Stargate Universe", por ejemplo, tiene un capítulo muy notable, "Time", en el que la tripulación de la nave atraviesa una puerta estelar y se ve atrapada en un bucle temporal. Cada vez que intentan reiniciar su particular Día de la Marmota, algo sale mal, y cuando el episodio termina, no se ha conseguido resolver, en realidad, nada. Pero es un episodio independiente, un bottle episode bastante literal porque, además de transcurrir en una única localización (o casi en una sola), no guarda ninguna continuidad con los capítulos que lo preceden, y en los siguientes no se hace ninguna mención a él. "Time" es un experimento de "Stargate Universe" que funciona como un relato corto y que puede verse sin saber nada de la serie, más que la sinopsis básica.

Sin embargo, "The constant", el episodio que los fans de "Perdidos" siempre ponen en lo más alto de sus listas de mejores capítulos, probablemente no pueda apreciarse igual sin la experiencia de todo lo que ha venido antes que él. La necesidad de que Desmond utilice a Penny como su constante en sus viajes por el tiempo sólo se entiende si hemos sido testigos de las penurias de Desmond en la isla y hemos visto que está allí, precisamente, por culpa de su amor por Penny. Sí, puede ser una historia original de viajeros temporales, pero la fuerza emocional de ese capítulo se pierde visto de manera independiente.

¿Es posible darse cuenta de que un capítulo es bueno sin haber visto nada más de la serie? ¿Se aprecia del mismo modo si nos falta esa continuidad emocional, esa experiencia acumulada?

19 marzo 2017

Un Puño de Hierro con poca pegada


Cuando se estrenó "Escuadrón Suicida", en internet se escenificó un cisma importante entre la opinión que los críticos tenían de la película y la de los fans. Los primeros la destrozaron, y los segundos estaban encantados de su tono cafre (o el intento de tono cafre). Y, sobre todo, los fans se dedicaron a meterse con los críticos que habían considerado que era una mala película, hasta sacándose de la manga supuestas conspiraciones anti-DC y pro-Marvel (como si alguien hubiera elogiado "Thor").

La brecha se ha vuelto a repetir, esta vez, con una propiedad de Marvel, "Iron Fist", la última serie de sus superhéroes de Netflix que faltaba por estrenarse. La crítica la ha tildado, siendo considerados, de floja (y no entramos en una nueva polémica por apropiación cultural que, realmente, llega más de 30 años tarde), pero si nos damos una vuelta por Twitter en este fin de semana de su lanzamiento, es más habitual que encontremos gente a la que la serie no le parece tan mal, y que no entiende de dónde vienen esas malas críticas. Sobre todo después de que "Luke Cage" fuera acogida mejor entre los periodistas (estadounidenses, principalmente) que entre el público.

"Iron Fist" tiene un problema, y es que Finn Jones no es un protagonista con el suficiente carisma para sacar adelante el personaje del heredero de una empresa multimillonaria que se pasa quince años en un reino místico y legendario del Himalaya, tras haber sobrevivido a un accidente de avión en el que mueren sus padres, aprendiendo kung-fu y preparándose para regresar a Nueva York, reclamar su legado y asumir la responsabilidad de ser el Puño de Hierro. Si a eso se le une unos diálogos que se vuelven sonrojantes cada vez que meten referencias a enseñanzas budistas, y que una serie animada como "La leyenda de Korra" tiene mejores peleas y entiende mejor esas enseñanzas de filosofía oriental, podemos hacernos una idea de por dónde van las críticas hacia la serie.

En un panorama tan saturado de series de superhéroes como el actual, éstas tienen que tener una personalidad definida para poder destacar. En el segmento de "millonarios dados por muertos que vuelven convertidos en letales justicieros", el Oliver Queen de "Arrow" funcionaba inicialmente mucho mejor porque apostaba por explorar su sentimiento de culpa, su sensación de que salvar Starling City era su deber y tenía que llevar sobre sus hombros toda la responsabilidad por los males que afectaban la ciudad. Matt Murdock está consumido por su culpa católica en "Daredevil"; Jessica Jones quiere desconectarse, sin demasiada suerte, de todo lo que le rodea, mientras Luke Cage quiere pasar desapercibido en un entorno que no se lo pone nada fácil. ¿Qué pretende Danny Rand? ¿Recuperar su nombre? ¿Y más allá de eso? ¿Qué le motiva?

¿Y a Colleen Wing? ¿Por qué tenemos que creernos esa rabia dentro de ella? ¿Y dónde está la conexión que deberían tener Danny y Joy Meachum? ¿Dónde ese impulso que nos lleve a querer ver no ya más episodios, sino a simplemente terminar el visionado de uno solo? "Iron Fist" está desganada, como si Marvel se hubiera quedado sin ideas y sin chispa para su cuarta serie en Netflix.

13 marzo 2017

El nuevo noir juvenil


Hace unas semanas, The Guardian publicaba un reportaje sobre lo que consideraba algo así como un nuevo subgénero, uno que estaba revitalizando otro ya muy gastado: el teen noir. O lo que es lo mismo, las series juveniles que, para no seguir los mismos caminos de siempre, se habían pasado al misterio, los secretos ocultos y la oscuridad para contar sus historias. El diario británico utilizaba como percha el estreno en BBC3 de "Clique", una serie sobre varias amigas universitarias que empiezan a distanciarse cuando una de ellas entra en una extraña sociedad de alumnos. Creada por una guionista de "Skins", The Guardian la exponía como ejemplo de esos títulos dirigidos al público joven que abogan por mostrar a sus personajes de una manera menos idealizada.

Lo cierto es que esta tendencia no es tan nueva. Una década atrás, ya hubo una aparición de historias de adolescentes pasadas por el filtro del noir, en este caso, un noir muy clásico de la California de Raymond Chandler. Rian Johnson llamaba la atención de los críticos de cine con "Brick", una película que tiraba de todas las convenciones posibles de las historias de detectives privados y las aplicaba a una trama de desapariciones y drogas en un instituto. Un año antes había llegado a la cadena UPN "Verónica Mars", una traslación en estudiante rubia y bajita de high school del sur de California de Philip Marlowe. Esos dos títulos no terminaron de lanzar de verdad el subgénero (probablemente porque ninguno fue un gran éxito de público), pero permitieron que los espectadores ya estuvieran familiarizados con él para cuando Freeform estrenó "Pretty little liars".

El éxito de esa serie es, probablemente, la culpable en parte de ese renacimiento del teen noir del que habla The Guardian. Su cadena se ha pasado años intentando replicar su fórmula con series de misterio con jóvenes guapos en su centro, spin-off incluido, y otros canales se han animado también a probar suerte en ese campo. Los británicos ya tuvieron, antes de "Clique", "Glue", que de paso desmitificaba brutalmente la imagen de la campiña inglesa. y "Thirteen", centrada en un secuestro, y es inevitable no pensar un poco en "Pretty little liars" cuando se ve algún capítulo de "Riverdale", la reimaginación de los cómics de Archie en The CW. En el reportaje de The Guardian mencionan igualmente "Sweet/Vicious", aunque esa serie daría para hablar largo y tendido en otro lugar.

"Riverdale" sí puede ponerse de ejemplo de este nuevo noir juvenil, especialmente, por su estética. La mezcla entre la imagen icónica del Archie de los 50 y 60, las referencias en "Twin Peaks" y "Elephant", el contraste de colores y esa especie de bruma que lo cubre todo le da una identidad visual muy marcada que, de momento, está sosteniendo la trama, que no pasa de las clásicas historias de instituto. Con la diferencia de que, aquí, hay un chico muerto y un montón de secretos familiares que nadie quiere desvelar.

Música de la semana: Últimamente, Radiohead es el grupo favorito de no pocas series. Era uno de los grupos de cabecera de "Westworld", y esa afición ha sido retomada ahora por "Legión", que utiliza "The Daily Mail" para mostrarnos hasta dónde llegan de verdad los poderes de David.

27 febrero 2017

¿Para qué sirven los Oscar?


Al final, la gala de entrega de los Oscar ha dejado el que, por ahora, es el gran momento televisivo del año: cuando Warren Beatty y Faye Dunaway anuncian que la ganadora del premio a mejor película es "La La Land" sólo para darse cuenta, ya con todo el equipo de la cinta en el escenario, que se han equivocado y que la verdadera vencedora es "Moonlight". No hay nada como la televisión en directo, desde luego. Ese error de principiantes, y la catarata de reacciones que ha suscitado, ha hecho que la ceremonia de los Oscar sea mucho más comentada el día después de lo que habría sido de otro modo (las victorias de Viola Davis, Emma Stone, Mahershala Ali y Casey Affleck fueron de todo menos sorprendentes), y también ha llevado a las inevitables opiniones cuñadiles en Twitter sobre si "Moonlight" ha ganado sólo para fastidiar a Trump o si ya estaba bien de tanto encumbrar a "La La Land".

Lo que las nominaciones a estos Oscar, y la gala, han puesto de manifiesto es que los premios de la academia tenían este año un gran nivel y que cumplen una importante función en el mundo del cine, que es descubrir al gran público películas que, de otro modo, no se animarían a ver nunca. O de las que jamás habrían oído hablar. Sólo entre las nueve candidatas a mejor película, ¿cuàntos habríais dedicado la más mínima atención a la propia "Moonlight" o a "Jackie" si no hubieran estado incluidas ahí? ¿O a "Loving" si Ruth Negga no hubiera estado entre las nominadas a mejor actriz? ¿O a dos documentales tan potentes como "Enmienda 13" u "O.J.: Made in America", aunque éste en realidad sea una serie de ESPN?

Y lo mismo puede aplicarse a "Toni Erdmann" o "El viajante", ganadora del Oscar a mejor película en habla no inglesa. Es muy fácil dejarse enredar por las controversias de baratillo de Twitter, por los "no es para tanto" que pretenden rebajar el hype con el que llegan algunas películas a las carteleras españolas y por los ataques a algunas ganadoras de gente que, probablemente, ni ha visto ni su trailer. Lo mejor que puede decirse de estos y de todos los Oscar es que, de vez en cuando, dan una visibilidad inmejorable a cintas pequeñas, o con riesgos narrativos o temáticos que pueden hacerlas ideales para el circuito festivalero pero más complicadas para el público masivo.

Pueden convivir perfectamente taquillazos más que respetables como "Figuras ocultas" con cartas de amor al musical como la propia "La La Land" y con riesgos formales como el de "Jackie", que juega con el tiempo y con los recuerdos de Jacqueline Kennedy para entregar una poderosa historia. O con ciencia ficción tan emocional como "La llegada", una de las que mejor consigue encajar la parte intelectual y la sentimental. Tan merecidos son los premios a "La La Land" (Emma Stone levanta la película cada vez que aparece en ella, y Damien Chazelle se consagra como un director que sabe lo que hace) como el final a "Moonlight", tan intimista y especial que no es plato de gusto para todo el mundo.

¿Que su victoria es política? Pues un poco también. No sólo es una buena película, sino que su historia de hombres negros homosexuales y, en concreto, de lo realmente difícil y casi traumático que es para su protagonista, es toda una declaración de intenciones en medio del clima político y social instaurado por el presidente Trump. Las nominaciones de "Figuras ocultas" y "Loving" también tienen un componente político. Por mucho que se crea lo contrario, el cine no se hace en una burbuja.

Música de la semana: Para la elección de canción semanal vamos a volver a la tele y a "Riverdale", que sigue demostrando buen ojo para ellas. En el cuarto episodio utiliza "Muddy water", de Nick Cave and The Bad Seeds, para cerrarlo.