05 noviembre 2017

La historia de Eleven


AVISO SPOILERS: Si no has visto el séptimo episodio de la segunda temporada de "Stranger things", "The lost sister", no sigas leyendo.

El peor episodio de "Stranger things". El capítulo en el que todo sale mal. El episodio en el que la serie se pierde. El capítulo que te puedes saltar. O, también, un respiro del pastiche ochentero que la serie debería repetir más a menudo. Ésas son algunas de las opiniones que se han vertido en los últimos días sobre "The lost sister", el antepenúltimo capítulo de la segunda temporada de "Stranger things". Un capítulo que frena en seco la trama principal en Hawkins, con el monstruo del Mundo del Revés a punto de invadir la realidad, para centrarse en la búsqueda de Eleven de su pasado, de su verdadera familia y, al final, de su propia identidad.

No es un bottle episode porque la acción no transcurre en una única localización (aunque sus personajes pasan la mayor parte del tiempo en ese viejo almacén abandonado), sino que es más uno de esos capítulos que, a veces, las series hacen para darle su hora exclusiva a un personaje concreto. Se centran en él o ella para profundizar en su retrato, para que el espectador lo conozca mejor, sobre todo si es un secundario que no ha tenido hasta ese momento oportunidad de brillar. Eleven no es una secundaria al estilo de Barb, de las que se ha mantenido en segundo plano; era una de las revelaciones de la primera temporada, y también uno de sus personajes más misteriosos. Ni siquiera sabíamos su verdadero nombre. Sin embargo, Hopper y Joyce habían averiguado algunas pocas pistas sobre ella mientras indagaban en las actividades clandestinas del laboratorio de Hawkins; sabían que se llamaba Jane, que se la habían arrebatado a su madre al nacer y que ésta había perdido la cabeza al intentar rescatarla.

En el proceso de crecimiento de Eleven no sólo cuenta que Hopper vaya ayudándola a ampliar su vocabulario, o a tener algo parecido a una infancia aproximadamente normal, o a que ella aprenda a controlar sus poderes. En dicho proceso es también importante que sepa cuál es su historia, de dónde viene, para poder aceptarse como es.

Eso es lo que hace "The lost sister". La temporada ya nos presenta en su prólogo a su "hermana", a la chica con la que Eleven entrenaba, lo que nos indica que, en algún momento, volveremos a verla. Y en cuanto la ya casi adolescente se escapa de la cabaña de Hopper, adivinamos dónde va a acabar. Kali es la "veterana" que puede ayudar a Eleven a dominar sus poderes, y también es el paso necesario para ella se dé cuenta de que su familia real son sus amigos de Hawkins y Hopper. En la historia de origen del superhéroe, éste siempre se pregunta cómo puede utilizar mejor sus habilidades y duda de si debería hacerlo, sólo para regresar mucho más convencido de que es lo que tiene que hacer.

¿Cuál es el problema entonces del capítulo? Que Kali y sus compinches son demasiado arquetípicos. Presentan un dilema muy interesante ante Eleven (dejarse consumir por la venganza y emplear sus poderes para el mal, o elegir la vida inesperada que encontró en Hawkins y ser una fuerza para el bien de todos), un dilema que a veces parece muy de los X-Men, pero el empeño en los guiños nostálgicos (a "Los amos de la noche") les resta fuerza. Es la gran paradoja de "Stranger things". Su nostalgia ochentera es lo que le ha ganado muchos fans, pero restringe el potencial de crecimiento de sus personajes. Eleven (¿o deberíamos empezar a llamarla Jane?) necesitaba ese paseo por su pasado para enfrentarse a su presente. La que tiene que empezar a mirar hacia delante es su propia serie.

16 octubre 2017

Los que miran al abismo


Hay una frase de Nietzsche que se utiliza mucho (hasta la extenuación) cada vez que se habla de personas que tienen que perseguir a asesinos crueles y despiadados, a otras personas capaces de los actos más sanguinarios sin que se les acelere el pulso. Esa "quien con monstruos lucha, cuide de convertirse a su vez en monstruo. Cuando miras largo tiempo a un abismo, el abismo también mira dentro de ti" se emplea como moraleja; ten cuidado de que ese ecosistema en el que estás moviéndote no te transforme en el mismo tipo de persona que estás intentando detener.

Dicha moraleja se ajusta como un guante a "Mindhunter", la serie que David Fincher y Charlize Theron han producido para Netflix y que adapta un libro sobre el nacimiento del profiling, de la elaboración de perfiles psicológicos para atrapar a asesinos en serie cuyas víctimas parecen, a simple vista, elegidas al azar y con las que no mantienen ningún tipo de lazo. Su autor es John E. Douglas, ex agente del FBI que puso en marcha esa técnica entrevistando a decenas de asesinos en serie para intentar comprender cómo funcionaban sus mentes, como hombres en apariencia "corrientes" podían perpetrar crímenes tan horribles.

"Mindhunter" nos lleva al principio de todo, a un joven instructor en la academia de la agencia que se obsesiona con la posibilidad de adelantarse a esos asesinos aprendiendo todo lo que puede de los modus operandi y personalidades de los que están ya encerrados en la cárcel. Si consiguen saber cómo piensan los locos, pueden adelantarse a los locos, según afirma su compañero en la empresa, un agente mucho más veterano en la Unidad de Ciencias del Comportamiento. A ellos se unirá más adelante una profesora de psicología en Harvard que tiene que dar estructura académica a su estudio, tiene que convertirlo en algo que pueda utilizarse prácticamente. El resultado es, como indicaban por Twitter, algo parecido a "Masters of sex", pero con asesinos en serie psicópatas.

Sobre todo, su parecido viene porque la serie tiene mucho interés en mostrarnos cómo la investigación afecta a los que la realizan. La psicóloga, por ejemplo, tiene dificultades para reconciliar la teoría de lo que están haciendo con la aplicación práctica, mientras Holden Ford, el artífice principal del proyecto, va creyéndose demasiado lo que otros le dicen de que es un genio. La vanidad, su propia arrogancia intelectual le convierte en alguien bastante más parecido a los Edmund Kemper del mundo (el primer psicópata al que entrevistan) de lo que le gustaría admitir. Y esas similitudes se trasladan a sus compañeros, y son lo más interesante de la serie.

Ford se obsesiona demasiado con el tema. Bill Tench es un agente de la vieja escuela con problemas en casa, y al que no le gusta nada depender de las entrevistas con esos asesinos para poder hacer su trabajo, y Wendy Carr es alguien que ha aprendido a compartimentalizar su vida de tal forma, que su cara pública no delate quien es realmente en privado. Tanto Jonathan Groff como Holt McCallany forman enseguida un dúo que nunca es aburrido, y la manera en la que el foco de poder va girando cuando entra en escena Anna Torv es bastante notable, y desvela el modo en el que los tres se ven afectados por el estudio.

"Mindhunter" rara vez enseña actos violentos, pero sí escuchamos a sus perpetradores contarlos con todo lujo de detalles. En la manera en la que se centra en la investigación y en sus investigadores, recuerda también bastante a "Zodiac", la película que David Fincher dirigió sobre el Asesino del Zodiaco, especialmente en la desconstrucción de su protagonista principal, alguien que está tan seguro de sí mismo, y que se cree tan listo, que su caída tiene que ser memorable.

10 octubre 2017

Esto no es ser un fan


"Rick y Morty" es una serie que ha ido ganando cada vez más adeptos con sus nuevas temporadas. Pasó de ser una rareza de humor muy irreverente y referencias muy frikis, a un título de culto en su segunda temporada y, en la tercera, a una comedia ampliamente elogiada por la crítica y que casi ha dado el salto al entretenimiento más mainstream. Con esta ampliación de su fandom ha acabado llegando algo que, por desgracia, parecía inevitable; que surjan algunos que crean que son los únicos fans auténticos de "Rick y Morty", que sólo ellos pillan todas sus referencias, y que la única interpretación válida de la serie es la suya. Y se lanzan a proteger la "pureza" de sus episodios incluso de sus propios guionistas.

Durante la emisión de la tercera entrega en Adult Swim, esos malos fans decidieron que que hubiera dos mujeres escribiendo "su" serie era un agravio de tal magnitud, que su deber era acosarlas por redes sociales, hasta compartiendo sus daros personales. Dan Harmon dio varias declaraciones despreciando a esos fans, criticando que "parte de ese comportamiento es una subcultura basada en la testosterona en la que se dan palmadas en la espalda por trolear a estas mujeres" y diciendo, directamente, que le parecían asquerosos.

Éste es, quizás, el ejemplo más extremo de un debate sobre si el fandom está roto que lleva bastantes meses dando vueltas por internet. No hablamos ya de guerras de shippers, o de espectadores que se quejan en redes sociales por la deriva que toma su serie favorita; hablamos de fans que orquestan campañas de acoso contra guionistas hasta que los obligan a abandonar Twitter, como ocurrió con una dibujante de storyboards de "Steven Universe", o con Damon Lindelof tras años de aguantar protestas airadas por el final de "Perdidos". Para ellos, las decisiones creativas de esas personas estaban "corrompiendo" su serie favorita. Se consideran los únicos dueños de sus tramas y de sus personajes. Todo lo que no encaje en su concepción de la serie es un travestismo y hay que atacarlo como si fuera una infección.

¿Es eso ser fan de algo? ¿De verdad es motivo para estar orgullosos? Si la visión del creador de la serie no encaja con la que tú te has montado en tu cabeza, ¿hay que presionarlo, perseguirlo por redes sociales y acosarlo para que cambie su serie y la ajuste a lo que tú quieres ver?

La crítica es perfectamente legítima. Un guionista puede meter la pata y cerrar en falso una historia, o no aprovechar bien a un personaje, o elegir un curso de acción que, al final, no va a ninguna parte. Resaltarlo no es estar "traicionando" la serie. Opinar de manera diferente a otros fans, o a los mismos guionistas, es inevitable y no es algo que haya que reprimir. Llevar esa divergencia de puntos de vista al extremo, creer que sólo uno de ellos es válido y que no hay espacio para más opiniones es donde está el problema y donde llegan los comportamientos más sectarios.

"Rick y Morty" puede ser presa más fácil de estos malos fans por su construcción, porque apela en la superficie al humor más borrico, pero hay una capa muy compleja de sentimientos sobre la familia y sobre la valía de uno mismo que la convierten en algo más que una mera comedia friki de ciencia ficción. Hay quien aprecia todas sus capas y quien sólo se queda con la que más le gusta. Ninguna de las dos opciones es más "correcta" que la otra.